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Comandante de Alepo lucha por una «rebelión limpia»

Comandante de Alepo lucha por una «rebelión limpia»

ALEPO, Siria, 23 Ago 2012 (AFP) – En la oscura noche, entre el estruendo de las ametralladoras rusas PKM, el estampido proveniente de las armas automáticas de los francotiradores y el olor a pólvora, los rebeldes no se percataron de la presencia de una figura con velo surgida en la esquina de una calle.

Los rebeldes la acorralan contra el muro de piedra de una vieja casa ubicada en el centro de la ciudad siria de Alepo, escenario de una sanguinaria guerra, y uno de ellos la interroga sin preámbulos: ¿Qué hace una mujer sola en medio de la noche en una ciudad en guerra?»

Descubierta en Jdeidé, un barrio cristiano que no apoya unánimemente a la revolución, se ordena a la mujer identificarse.

Este barrio, conocido por sus restaurantes, atraía antes de la guerra a muchos turistas. Ahora, los rebeldes reivindican controlar los tres cuartos.

El comportamiento de la mujer parece sospechoso y la explicación sobre su hijo enfermo no convence a los rebeldes. El jefe, Abú Mohamed, decide llevarla al cuartel general, situado a unos 100 metros, para interrogarla.

Amira está sentada, los bazos cruzados, y mueve compulsivamente una pierna mientras que Abú Mohamed mandó a buscar habitantes que la conozcan.

Cuando Mohamed encuentra en el teléfono celular de la mujer fotos y canciones a la gloria del presidente Bashar al Asad, debe retener rápidamente a algunos de sus hombres que están a punto de insultarla.

La mujer, llorando, jura estar del lado de la oposición. Abú Mohamed marca entonces el último número de su teléfono y se presenta como un oficial sirio que arrestó a esta mujer en un punto de control porque sospecha que es una espía de los rebeldes.

«No, está bien, liberádla. Está de nuestro lado y nos informa sobre las posiciones de los rebeldes», responde el hombre que contestó al teléfono y que pertenece a las fuerzas de seguridad del Estado.

Amira, a quien se le sirvió un vaso de agua, es llevada a otra habitación y Abú Mohammed, de 42 años, sentado en el borde de una fuente en medio del patio de esta elegante casa otomana, se sostiene la cabeza entre ambas manos.

«¿Qué voy a hacer con ella? Es una espía del régimen pero no podemos mantenerla aquí. Es contrario a nuestra religión, aunque esté con los chabbiha», la milicia del régimen, se pregunta Mohamed.

«Ni siquiera puedo registrarla. ¿Cómo puedo saber si no está colocando balizas para indicar nuestras posiciones a los MIGS que nos bombardean?», se lamenta.

«No puede dormir aquí. Sería un deshonor para nuestras familias», añadió categóricamente Hosam Amine, miembro del grupo.

 La mujer es conducida a la casa de su hermana, que vive cerca, y será interrogada nuevamente al día siguiente.

 «¿Qué le habría sucedido si hubiesen sido soldados del régimen? ¿Conocen ustedes a muchos rebeldes que la habrían tratado como nosotros lo hicimos?, interpela Abú Mohamed.

No se obtiene nada sin el apoyo del pueblo            

Oficial del ejército, Abú Mohamed, desertó el régimen hace tres años y obtuvo el asilo político en Bélgica. «No tenía ningún futuro en el ejército. Si uno no tiene las relaciones indicadas, no tiene ninguna posibilidad de hacer carrera. Es repugnante».

Decidió unirse a la rebelión hace un año y su hijo Mohamed lucha a su lado en la misma unidad.

Una de las posiciones más cercanas es una papelería, requisada tras la huida del propietario.

Cada vez que un rebelde toma una bombilla o un bolígrafo, debe poner dinero en una caja para el propietario.

 «Bashar y su régimen no respetan nada. Se burlan de las leyes. La revolución debe mostrar a los ciudadanos que se sublevaron por un motivo», explica Abú Mohamed.

Añade saber que muchos habitantes comienzan a quejarse, estimando que los combates del Ejército Sirio Libre (ESL) exponen a los civiles a los bombardeos del ejército. «Si no se tiene el apoyo del pueblo, no se obtiene nada», dice.

Este combatiente rebelde no ha perdido la esperanza de convencer a sus antiguos colegas de unirse a la revolución. La barricada de los enemigos se encuentra a unos 50 metros. Abú Mohamed saca un altavoz y dice en el micrófono:

 «¡Escuchádme! ¿Por qué luchan por Bashar? ¿Creen que se interesa por ustedes? Algunos de ustedes son de Alepo, están destruyendo su ciudad».

El Nacional

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