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Con 89 años, 75 como marchanta, doña Elida aún tiene que trabajar

<P>Con 89 años, 75 como marchanta, doña Elida aún tiene que trabajar</P>

El Nacional

SANTIAGO.- Cansada por el peso de los años y con poca fuerza física para trabajar, Elida Antonia Vásquez Paulino, una de las pocas vendedoras ambulantes de esta ciudad de la primera mitad del siglo pasado que aún ejercen, espera sin ilusión el final de sus días.

Con 89 años a cuestas, 75 de los cuales los ha dedicado a la labor de vendutera de los más variados productos agrícolas que adquiere en el Hospedaje Yaque, doña Elida se pasa cada tarde y parte de la noche sentada en la calle Independencia, entre la Mella y la Sánchez, mientras la clientela cada día que pasa se torna más reducida.

Nativa de Don Pedro, en las afueras de esta ciudad, donde toda su vida ha residido, comenzó a trabajar como “marchanta” cuando apenas contaba con 14 años, acompañando en esa faena a su hermana Ana Lidia Mercedes Vásquez, quien falleció hace algunos años.

En aquellos tiempos, doña Elida se trasladaba desde su humilde hogar al Hospedaje Yaque sobre el lomo de un burro, haciendo un recorrido de alrededor de 10 kilómetros, donde aún hoy se surte de los productos agrícolas que oferta a su cada vez más disminuida clientela.

Antes, como ahora, salía hacia el centro de acopio de frutas y vegetales más importante del Cibao cuando comenzaban a despuntar los primeros rayos del sol, y de ahí para la ciudad sobre el noble animal pregonando su mercancía, faena que terminaba cuando empezaba a oscurecer.

Barrios como Los Pepines, La Joya, Baracoa, Pueblo Nuevo y la comunidad de La Junta eran los lugares donde con mayor asiduidad ella pregonaba los productos a mediados del decenio de los años 30 cuando comenzó a recorrer sus calles polvorientas.

Con la presencia de carros públicos, que trajo consigo servicios de transporte desde su comunidad al centro de esta ciudad, a doña Elida las cosas le resultaron más fáciles en ese sentido, con lo que pudo dejar descansar al último de los burros que utilizó para movilizarse.

En ese aspecto su vida cambió positivamente, pero no así sus entradas económicas por concepto de la venta de los rubros y hoy, 75 años después, se mantiene como “marchanta” porque no sabe otra cosa qué hacer “y ya las fuerzas no me dan” para intentar siquiera emprender otro proyecto laboral.

Recuerda que cuando se inició como vendutera al pregón, era una jovencita lo suficientemente fuerte que podía permanecer por horas sobre el lomo del noble burro y vociferar a todo pulmón la mercancía.

Pero esa parte de su trabajo cambió hace 49 años, cuando el señor Narciso Villamán, propietario de una panadería ubicada en la calle Independencia, la vio afanosa y sudada pasar frente al lugar y la invitó a instalar su negocio al lado de ese establecimiento.

Desde entonces doña Elida todos los días, con excepción de los domingos y días feriados, se instala allí a partir del medio día, luego de hacer su acostumbrada ronda por el Hospedaje Yaque para surtirse de los productos que oferta.

Estuvo casada con Belarminio Vásquez, quien falleció hace dos años. Con él procreó 10 hijos, cinco de los cuales fallecieron. De todos ellos, sólo Ramona Mercedes Vásquez le siguió los pasos como vendutera, en cuyo trabajo duró poco tiempo.

Hoy, con problemas de salud propios de la edad, cansada y con dificultades visuales, doña Elida lamenta que su labor como “marchanta” no le haya reportado el dinero suficiente como para mejorar sus condiciones de vida y mucho menos para reparar su humilde vivienda.

El Nacional

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