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Sobre mecenas (3 de 6)

Alguien podría argüir que estos protectores procuraban enaltecer y encumbrar el arte hasta los linderos de una estética trascendente y vinculada a lo divino. Pero ahí residía el afán de mercadearse como estrategia de un seguro paso a la inmortalidad.

Roma liberó el patrocinio y promoción del arte de lo estatal, tal como imperó en Grecia a partir de Pericles, desarticulándolos y emancipándolos hacia la individualización; hacia una noción que involucraba al ciudadano simple, tal como aconteció con Cayo Cilnio Mecenas, un fenómeno que se repitió con la familia Médicis, la cual estaba compuesta por prestamistas que poseían casi todo el comercio y la banca de Florencia desde el Siglo XIII.

El desarrollo del mecenazgo de los Médicis no fue tan sencillo como se ha descrito en la historia del arte.

En el bajo Renacimiento emigró desde Florencia la mayor parte de sus comerciantes y artistas, huyendo de la codicia de Cosme de Médicis, abuelo de Lorenzo, quien dejó la ciudad casi carente de negocios y lugares de entretenimiento.

Cuando Cosme murió en 1464, Lorenzo tenía quince años y a esa edad comenzó su neoplatonismo como una actitud contemplativa del mundo, estudiando y analizando las categorías y diferencias existentes entre los lenguajes del arte.

Lorenzo pudo establecer que para devolver a Florencia la buena estrella de su economía debía crear condiciones favorables para la administración del ocio, por un lado, y dinamizar las actividades políticas con una aplastante opresión fiscal, por el otro.

Lo lúdico, la entretención y administración del ocio, así como el embellecimiento de la urbe, se convirtieron en actividades compensatorias de las carencias libertarias ciudadanas y Lorenzo sintió en ese Siglo XV (más de trescientos años antes) el mismo goce estético experimentado por el poeta John Keats, en 1819, cuando escribió su Oda a una urna griega, que terminó con estos versos:

“Cuando a nuestra generación destruya el tiempo / tú permanecerás, entre penas distintas / de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo: / «La belleza es verdad y la verdad belleza»… / Nada más se sabe en esta tierra y no más hace falta.”

Es en ese estadio de la evolución del arte, en ese maravilloso renacimiento, en donde emerge el mecenas como un oportunista que determina entrar en la memoria de la histórica a través del arte y la literatura, como hicieron Lorenzo y Giovanni Rucellai, otro de los nobles enriquecidos con la industria de la lana.

Y esto parecería una estrategia bien simple, pero no lo es. El individualismo liberal es una consecuencia de la independencia del arte profano del litúrgico y adquiere en el mecenazgo un rol de cierta valía debido a que la relación principal de la producción lúdica hasta comienzos del Barroco era interpretada exclusivamente por la iglesia.

Desde luego, el dinero que la iglesia manejaba para la promoción y administración del arte y la literatura provenía de las arcas burguesas y aristócratas, sin asumir éstas el protagonismo que merecían.

Por: Efraim Castillo
efraimcastillo@gmail.com

El Nacional