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Efraim Castillo

¿Morirá el concepto?

La Inteligencia Artificial será el motor de búsqueda definitivo que entendería todo en la web —Larry Page, uno de los creadores de Google.
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La amenaza al concepto reside en la IA, que opera la Realidad virtual (RV) sin las diferencias fundamentales de la oposición virtual-actual, de lo estático-dinámico y del análisis-indiferencia, los cuales desaparecen como resultado del fenómeno que acciona-reacciona un sistema de simulación de objetos y puede sustituir la representación simbólica.

Este sistema, cuya historia se remonta a la década del sesenta, comenzó a desarrollarse en los laboratorios Bell por los ingenieros Raymond Goertz y Michael Noll (La realidad virtual, 1999) y permite en la actualidad que se exploren y manipulen datos experimentales que era imposible —o muy difícil— de investigar hace décadas.

La RV permite a los terapeutas tratar en espacios simulados a pacientes con trastornos de ansiedad (fobia social), enseñar a utilizar sillas de ruedas a los que padecen distrofia muscular, así como coadyuvar en el tratamiento del alzhéimer a través de reproducciones de imágenes pretéritas.

En universidades norteamericanas, europeas y japonesas, las facultades de medicina utilizan la RV para planificar y realizar operaciones a pacientes virtuales en lugar de personas reales, lo que garantiza éxitos y ahorros presupuestarios en dichos programas (1999). Pero el vocablo virtual no es ajeno a las ciencias del lenguaje. Chomsky, en su Gramática generativa (1981), ratifica “la preponderancia que la investigación lingüística da a las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas, determinando el carácter de la oposición entre lo virtual y lo actual, tal como aparece en la concepción de cada una de las dos grandes clases de gramáticas estructurales” (Citado por María Manoliu en El estructuralismo lingüístico, 1973).

La competencia, la lengua y el código, remiten a lo virtual; la actuación, el habla y el mensaje remiten a lo actual. En su ensayo sobre El estructuralismo lingüístico, María Manoliu subraya que “concebido como mecanismo generador, lo virtual adquiere una dimensión dinámica evidente, respecto a la cual el inventario paradigmático analítico queda predominantemente estático […] y ni siquiera dándole este enfoque la oposición es absoluta” (1973).

Para De Saussure “la lengua es el dominio de las virtualidades, mientras que el habla es una realidad actual” (Curso de lingüística general, 1916). Entonces, ¿necesitará el científico que opera un computador el auxilio de un concepto para arribar a un esquema, a una representación simbólica, disponiendo de logaritmos que le permitirán virtualizar constructos y múltiples simulaciones a través de la RV?

Con el genoma humano convertido en software y el alcance a los más avanzados hardwares, ¿quedará espacio para la usurpación del concepto? ¿Necesitará el hombre utilizar la representación simbólica para arribar a la denotación, al sema virtual o virtuema? Estamos en la frontera de un mundo modélico, un mundo que nos marcará con un lenguaje que evolucionará continuamente en el campo de la simulación de realidad y nos proporcionará conocimientos, amarguras y melancolías; pero que, asimismo, nos enriquecerá con las maravillosas utopías que creíamos perdidas.