Cristianismo y budismo



Eduardo Álvarez

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El papa Francisco refrendó en septiembre del año pasado las relaciones diplomática entre el Vaticano y China, y reconoce a siete obispos vivos y uno fallecido nombrados por China que hasta ahora no eran admitidos “de forma oficial” por la Santa Sede. Se trata de un acuerdo histórico sobre la designación de los obispos entre estos dos Estados, distantes desde 1951.

Estos obispos son Giuseppe Guo Jincai, Giuseppe Huang Bingzhang, Paolo Lei Shiyin, Giuseppe Liu Xinhong, Giuseppe Ma Yinglin, Giuseppe Yue Fusheng, Vincenzo Zhan Silu. A los que se suma Antonio Tu Shihua, fallecido el 4 de enero de 2017, y quien antes había expresado el deseo de una reconciliación.

Desea que, con las decisiones tomadas, se pueda iniciar un nuevo camino que permita superar las heridas del pasado, realizando la plena comunión de todos los católicos chinos.

El acuerdo fue firmado por el subsecretario de la Santa Sede, Antoine Camilleri, y el viceministro de Relaciones Exteriores de la República Popular de China, Wang Chao, como jefes de las delegaciones vaticana y china.

Se trata de un pacto provisional muy significativo: no es el final del proceso, pero sí el inicio de un camino hacia la futura normalización de las relaciones bilaterales. Este entendimiento permitirá a “los fieles tener obispos que estén en comunión con Roma pero al mismo tiempo reconocidos por las autoridades chinas”. Vaticano y China podrían estar trabajando en un acuerdo definitivo por el que el Gobierno comunista seguiría teniendo la potestad de designar a los obispos, pero reconocería la autoridad del papa para pronunciarse sobre estos nombramientos.

Hace casi una década que el papa Benedicto XVI restableció relaciones diplomáticas del Vaticano con China, para lo cual traslada la nunciatura de Taipei a Beijing. Fue el comienzo de un pringado proceso que concluye hace unos meses con Francisco. Benedicto pidió, entonces, al gobierno chino que respete la libertad religiosa y acepte un acuerdo para el nombramiento de los obispos en este país.

El perdón del papa Juan Pablo II por los errores de la iglesia católica en China había trillado el camino a monseñor Giuseppe Pittau, experto en cuestiones orientales, para anunciar la disposición del Vaticano de establecer relaciones con la República Popular China (RPCH).

Pittau es un sacerdote jesuita como Matteo Ricci y Pompilio Michele Rugiere, misioneros que a finales del siglo XVI llevaron el evangelio a China, cuando el periodo Ming llegaba a su fin. De tal modo que la presencia de la iglesia Católica, con sus aciertos y desaciertos, alcanza un mayor protagonismo durante la Dinastía Quing.