El triunfo del Movimiento Revolucionario 26 de Julio encabezado por Fidel Castro, el primero de enero del 1959, selló el proceso de aceleración del complot conspirativo contra Trujillo, que se profundizó aún más después del desembarco de las expediciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo, en junio de ese año. Hacía varios meses, Homero Hernández Almánzar había sido designado embajador en Ecuador y el día de su partida Juan Tomás Díaz lo acompañó al aeropuerto y subió acompañándolo por la escalerilla del avión, uniformado de general del Ejército, según testimonio aportado por Juan Tomás a Pupito Ellis Sánchez. En la puerta del avión, Homero ratificó a Juan Tomas la impostergable necesidad de ultimar detalles para el ajusticiamiento del dictador.
Juan Tomás fue designado en los primeros días de 1959 como jefe militar del Cibao Central con asiento en La Vega y le correspondió dirigir los primeros enfrentamientos contra los expedicionarios en Constanza. Pocos días después fue relevado del mando acusado por oficiales y políticos trujillistas de tratar con indulgencia y amabilidad a los expedicionarios prisioneros. Homero Hernández le renunció a Trujillo, acusándolo con firmeza de asesinar a los revolucionarios.
El 11 de enero de 1960 fue develado el Movimiento Clandestino Revolucionario 14 de Junio fundado en una finca de la provincia Valverde por Manuel Aurelio Tavárez Justo, Minerva Mirabal, y un pequeño círculo de hombres y mujeres de diferentes regiones. Fue en los primeros días de ese año que un grupo de jóvenes encabezados por Mario Read Vittini, Francisco Carvajal Martínez, Eligio Bautista (Mameyón), Juan Miguel Román, Baby Mejía Ricart y otros más, en un acto sin precedente en la historia política del país, a tiros, buscaron asilo en la embajada de Brasil, situada en la avenida Máximo Gómez esquina Correa y Cidrón. Entre los asilados se encontraba doña Gracita Díaz y su hijo Nouel Henríquez Díaz, Nabú. Doña Gracita era hermana de Juan Tomás Díaz.
A partir de ese momento el desarrollo de los acontecimientos atenazó de manera tal al régimen, que Trujillo, asesino político, frío, selectivo, perdió la prudencia y ecuanimidad que había exhibido y parece que su instinto felino le hizo comprender que el triunfo revolucionario de Fidel Castro en Cuba obligaba a un reordenamiento en el escenario político del Caribe y Centroamérica que Estados Unidos no estaba dispuestos a aceptar, si no era bajo su dirección absoluta. Se enteraron de que en Santo Domingo había un movimiento de hombres de acción, dispuestos a ajusticiar a Trujillo que se había convertido para los yankees en verdadero dolor de cabeza, circunstancia que se confirmó por el atentado llevado a cabo en 1960 contra Rómulo Betancourt y a finales de ese año, en noviembre, el asesinato de las hermanas Mirabal y de su acompañante Rufino Martínez.

