Opinión

¿Cuál es el misterio?

¿Cuál es  el misterio?

Que la costumbre sea ley no justifica el velo de misterio que desde el primer momento ha rodeado la deportación al país del cubano Willie Falcón tras cumplir una condena de 20 años de prisión por narcotráfico en Estados Unidos. Inexactitudes y contradicciones han caracterizado las declaraciones oficiales sobre una decisión que el canciller Miguel Vargas Maldonado dijo, como si tratara de lavarse las manos, que se había tomado de Gobierno a Gobierno, pero sin aportar el más mínimo detalle para edificar a la opinión pública.

Lo sorprendente fue que apenas unas horas después el Departamento Nacional de Investigaciones (DNI) corregía al ministro de Relaciones Exteriores señalando que había sido a petición suya que el líder de la pandilla “cowboy cocaine” había sido desterrado a República Dominicana.

A pesar de todas sus implicaciones, el caso del cubano no estaría en cartelera de no ser porque las propias autoridades se han ocupado de colocarlo.

El DNI aclaró que le interesaba dar seguimiento a operaciones de Falcón relacionadas con República Dominicana, además de que su estadía aquí sería transitoria. Pero el hombre va a cumplir un mes que llegó sin que se conozcan las actividades que le interesarían saber al organismo de inteligencia. Ya antes había ocurrido un episodio con la fuerza suficiente para desatar un escándalo cuando la embajadora de Estados Unidos, Robin Bernstein, declaró que desconocía el acuerdo bilateral que citó Vargas Maldonado para deportar al país al convicto cubano por narcotráfico.
Pero cualesquiera fueran las circunstancias el caso Falcón viola, como han documentado algunos especialistas, la ley de Migración. Los antecedentes lo descalifican para el amparo que se le ha ofrecido, aunque sea, como lo justificó el DNI, de manera transitoria y para darle seguimiento sobre asuntos que le interesan. Con todo, la gota que colma la copa la puso nada menos que el ministro de Interior y Policía, José Ramón Fadul y Fadul, al reconocer que la estadía del capo cubano constituía una violación de las leyes.

Aquí la confesión puede interpretarse hasta como un chiste propio de la cultura que ha caracterizado el ejercicio del poder, pero de seguro que la comunidad internacional le da otra lectura. Un país donde los gobernantes no respetan las leyes puede ser de todo, menos confiable para los inversionistas.

Son las contradicciones oficiales las que han enredado más la cabuya. Si bien es probable que el Tío tanteara la posibilidad de que por aquí se acogiera a Falcón se duda que tratara de imponer la decisión. Y de ser así había que denunciarlo, con la seguridad de que la opinión pública cerraría filas con el Gobierno. Pero por ahora todo es un misterio.

El Nacional

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