Opinión

¡Cuánto ha cambiado el PRD!

¡Cuánto ha cambiado el PRD!

El PRD era el tiguere más guapo del barrio, al que todos le temían por sus proezas, muchas de las cuales se convirtieron en leyenda. El partido que escribió paginas gloriosas, forjador de los dirigentes y líderes de mayor formación política e intelectual del país  como Juan Bosch, Juan Isidro Jiménez Grullón, Ángel Miolan, Antonio Guzmán Fernández, Salvador Jorge Blanco, Jacobo Majluta, José Francisco Peña Gómez, Milagros Ortiz Bosch, Hugo Tolentino Dipp, Hipólito Mejía,  Hatuey  de Camps, Tony Raful,  entre muchos otros, en más de 70 años.

La historia de la lucha por la democracia, la libertad, la justicia y la dignidad nacional, no se puede escribir sin destacar preponderantemente al PRD, un partido de masas, del pueblo humilde y trabajador.

Ese PRD aguerrido, dispuesto al sacrificio, a darlo todo por la libertad y la justicia, desapareció. El PRD de estos últimos años es un PRD sin espíritu de cuerpo, sin ideología, sin principios que le den sustento y legitimidad histórica.

El PRD perdió su espíritu combativo y revolucionario. Es un PRD timorato y cobarde, que se ha dejado intimidar por un  PLD convertido en una corporación económica sin escrúpulos.

Los tígueres del PLD se dieron cuenta de que los tigueres del PRD estaban viejos y cansados. Y se robaron el país con la anuencia de una buena parte del empresariado rentista y voraz,  incapaz de actuar y de pensar como clase social.

Ahora están robándose al PRD, dividiéndolo, debilitándolo para que no pueda hacer oposición. Los tigueres del PRD, que ahora son mansos gatitos, no entienden que los problemas políticos deben ser enfrentados políticamente, no en tribunales controlados por los tigueres del PLD, sino en las calles confiando en la fuerza transformadora y revolucionaria de las masas.

Los tígueres del PLD no les temen a los del PRD. En verdad, ya no le temen a nadie.  Tienen demasiado poder en sus manos. En política el que no da, le dan. Y el que se deja dar, en la política como en la vida, es un pendejo.

El Nacional

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