Lo que Danny Rivera consumó en Bellas Artes fue la muy difícil tarea de llevar su público a una dimensión del ensueño, de esas cuando el amor o el desamor se expresan de forma intensa, sentida y hermosa.
La idea del maestro Amaury Sánchez, que dio lugar a este concierto romántico y acústico, ejerció fascinación sobre la platea tanto con el don bendito de su voz de tenor con un poder de dominio de los agudos finales, como por su c onversación previa de cada pieza. Es un hombre inteligente y un agudo dominador de la palabra.
El concierto empezó con la sala Máximo Avilés Blonda abarrotada de fieles seguidores, una banda vestida de blanco contrarrestando con el juego de luces, encabezada por Amaury, con Guarionex Aquino en percusiones; Ezequiel Francisco, en la batería; Federico Méndez, en la guitarra y Sandy Gabriel se lució con el saxo y el clarinete.
Danny, vestido de negro con su característica bufanda blanca y un sombrero gris, que guardando las distancias, recordó a Gardel. Inició con «Como si fuera su último concierto».
Los invitados
Llamó a escena a Héctor Aníbal y juntos interpretaron «Libre», previo a la mejor presentación que haya tenido nunca el vocalista dominicano. Con Miriam Cruz hizo un «Para decir adiós» digno de final de festivales internacionales de la canción y, declarando su admiración por ella y solicitando el apoyo para los artistas locales, llamó a Diomaris, «La mala», quien se adueñó de todo cuando hizo «A mi manera», con su peculiar estilo cortante de venas.
Repertorio
Cantó «Amar o morir», «Qué será de ti» y «Mi árbol y yo», para sentirse arropado por un inmenso coro de voces se encendió en Bellas Artes. Solista y público a una sola voz.
Una de sus favoritas de siempre era esta: “En la vida hay amores que nunca…» El público en complicidad le acompañó en un masivo cantar a coro. Luego prosiguió… “Mi mamá también se fue cantando» y «Cómo he de vivir sin tu cariño», «Amada amante» y «El Vals de las mariposas».
También hizo «Tantos deseos de ella” (En un cuarto dos amantes), pieza que a todos recordó algún instante de sus vidas no mercadeadas, para seguir con «Mi viejo» (Piero), «Los hombres de rabia lloran» y «Tú, intenta comprenderme alguna vez».
Uno de los momentos más altos fue la canción del título del concierto, «Con las alas rotas», de Cheo Zorrilla, en la que habría sido perfecto que estuviera a dúo el compositor dominicano. Luego cantó «Silencio», de Rafael Hernández.
La orquesta se formó al frente para hacer con el vocalista «Bajo de un Palmar», de Carlos Cuevas, «Amor ajeno» y «Mujer abre tu ventana» y cerró con «Madrigal». Nada que se pueda decir explicaría la emotividad de ese cierre.

