La película Ladrones a Domicilio la compré durante mi reciente estadía en Santo Domingo. Una vez de regreso a esta nación asiática (Corea del Sur) invite unos amigos a cenar y luego optaron por ver una película.
Empezamos a verla. Y al final, la reacción que mostraron no fue tan convincente como se podía esperar.
Bueno, ese director parece que le da duro a su país, fue la opinión de uno de ellos. Quien hablaba es pastor de una iglesia cristiana, considerada quizás la mas grande de Corea del Sur en tamaño y por su numero de afiliados.
El otro, diplomático de una nación amiga, ni siquiera le hizo comentarios, como si el silencio fuera más elocuente que las palabras.
A mi modo de ver, el contenido de esa película proyecta una baja autoestima del dominicano.
Se enfoca una situación de corrupción en todas las esferas de la sociedad dominicana: policial, legislativa, judicial, empresarial, etc. Y ese argumento, me parece falso.
Creo que lejos están los tiempos de que la corrupción se para en la puerta de mi despacho, como se decían en épocas anteriores.
Pero el segundo argumento, y quizás el mas importante, es que la corrupción no es un fenómeno típico dominicano. Más que nada; es de carácter histórico y afecta a muchas sociedades del mundo, incluyendo a países de América Latina, pero también a muchos llamados desarrollados.
El director de la película que comentamos, autor del guión y productor de la obra, se basa sólo en la República Dominicana, como si el tema fuera una cultura vernácula nuestra.
Esa es la razón de mi crítica; si bien, no estamos en primer lugar como país anti-corrupción en el mundo, pero tampoco se está en el último lugar.
Acepte verla con mis amigos; y lo que sentí, al final fue vergüenza por el contenido negativo del mensaje que lleva.
