De Villa Tapia a la NASA



Dicen que no es de dónde venimos, sino hacia dónde vamos. Esa parece ser la consigna de cinco estudiantes dominicanos de Villa Tapia, provincia Hermanas Mirabal, quienes participaron en el Human Exploration Rover Challenge, competencia global promovido por la NASA, donde tuvieron la oportunidad de demostrar sus habilidades científicas.

Los estudiantes Alexia Jacques (17 años), Lorenny Guzmán (17 años), Christopher Ramos (17 años), Andy Hernández (16 años) y Deurys Ramírez (18 años), del liceo científico Doctor Miguel Canela Lázaro, centro educativo que se destaca por formar estudiantes con un alto nivel de competencias.

Este liceo científico es el único, además de la Universidad INTEC, que ha podido enviar una comisión para competir con otras universidades del mundo, incluyendo universidades especializadas en ingeniería, la experiencia este año ha sido inolvidable para el equipo que llevaba la bandera tricolor.

“Yo soñaba antes con eso, con el Apolo y todo eso, y así fue. Nunca había visto un cohete personalmente y cuando lo vi me puse loco porque había escuchado hablar de ellos en clases, hasta que fui allá y quedé sin palabras”, cuenta Deurys con el asombro reflejado en el brillo de sus ojos mientras describe su vivencia.

La arquitectura de Huntsville destapó el asombro de los jóvenes. “Cuando bajamos del avión vimos que esa era la ciudad del cohete; desde la autopista se veían y eso fue impresionante. Cuando llegué no me lo creía, pensaba que algo saldría mal o no íbamos a llegar, pero llegamos, participamos y enseñamos que en República Dominicana ttambién se pueden hacer grandes cosas”, precisa Christopher.

La estadía era del 10 al 14 de abril, los primeros días para armar el “rover” y los restantes de competencias. Se presentaron más de cien equipos con vehículos de distintos tamaños y modelos, pero todos debían cumplir con mandatos precisos de la NASA: diseñado y construido por los estudiantes, todas las piezas debían ser hechas por ellos y el manejo también estaba a cargo de los alumnos en una pista de gran dificultad.

Andy comenta que el primer día iniciaron los trabajos a la 6:00 de la mañana y pasadas las 6:00 de la tarde todavía estaban armando el carro. “Todos los días nos levantábamos temprano y nos cogía la noche trabajando, fue una ardua labor pero con el compromiso de no fallarle a nuestro país.

El reto no fue nada fácil. Por momentos los demás equipos pensaron que Dominicana no lograría armar su rover, sin embargo, los nuestros nunca lo dudaron.

En el liceo científico aprender inglés y francés es fundamental y gracias a eso los dominicanos crearon empatía con sus iguales de otros países, quienes se ofrecieron a ayudar y el trabajo en equipo rindió sus frutos. Con el vehículo armado el reto era que completara el recorrido.

“La pista era muy larga y pensé que me iba a cansar mucho dando pedales, pero no me cansé y, de hecho, me gustó mucho. No fue tan complicado porque habíamos practicado mucho en el liceo; no nos sobró ni una tuerca”, afirma Alexia, una de los pilotos.

La complejidad de la pista y las exigencias de la competencia evitaron que Dominicana se alzara con el oro, pero la experiencia abre la posibilidad de que cada año se mejore la propuesta hasta llegar a la cúspide. Para el maestro Ender Araujo, el solo hecho de que estudiantes dominicanos estén en los estándares de la NASA es sinónimo de logro.

“Todos los estudiantes que han ido a la NASA son o han sido de nuestro liceo científico. En el caso de INTEC, la que motivó y dirigió el equipo fue una egresada de nosotros que también es de excelencia en esa universidad.

El Instituto Tecnológico de Las Américas estuvo invitado y la líder salió de aquí. Somos una fábrica de estudiantes con los niveles más altos de calidad”, precisa el docente de matemática.

La excelencia

La revolución educativa del presidente Danilo Medina inició en enero de 2013, el mismo año en el que arrancó el liceo de Villa Tapia.

Antes de que el centro abriera sus puertas, los bachilleres del municipio estaban entre los puestos más bajos en cuanto a rendimiento en las pruebas nacionales, pero esa limitante realidad cambió para bien.

“En la actualidad, nuestros estudiantes sobresalen de manera significativa en las principales asignaturas de las pruebas nacionales, muchos de ellos han sacado 30 de 30 en matemática y hay varios que están en el 1% de la más alta calificación en estos exámenes. La forma en la que enseñamos aquí garantiza el aprendizaje por competencias y sacar el máximo de los estudiantes”, manifiesta José Aníbal García, presidente del Consejo de Regencia.

El liceo inició con 94 estudiantes y ya son 540 de primero a sexto. En cinco años han logrado méritos nacionales e internacionales, uno de ellos la Medalla a la Excelencia Magisterial que les otorgó el presidente de la República el año pasado por ser los mejores en “Vocación por la Incorporación de las TIC en los Procesos Educativos”.

“Aquí lo más importante es el modo de pensar de los estudiantes y lo que tenemos es un centro de apertura donde ellos se encuentran así mismos.

Lo fundamental es que puedan explorar y explotar esas competencias y habilidades que quizás tienen dormidas.

Enseñamos de forma horizontal y todos somos partícipes de la investigación en busca del conocimiento”, afirma Anthony Vásquez, uno de los docentes de ingeniería y quien acompañó a los estudiantes a la NASA junto a Caterina Clemente, gestora de proyectos.

Precisamente ella señala que en este centro educativo se forman personas que no solamente son buenas en ciencias, sino que desarrollan otras competencias como las relaciones humanas.

EL DATO

El liceo científico

es la primera institución pública, especializada y selectiva, de Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (CTIM/STEM) de la República Dominicana. Imparten clases durante 11 meses con un innovador minisemestre de cursos multidisciplinarios temáticos que ofrecen en verano.

EL DATO

El Human Exploration Rover Challenge
Es una competencia anual donde los estudiantes de bachillerato y universitarios diseñan, construyen y compiten en vehículos plegables impulsados por humanos en terrenos similares a la superficie lunar.