A muchos funcionarios les resuena en los oídos el tic tac del reloj, recordándoles que su periodo como servidores públicos está tocando a su fin. De ahí que uno que otro haya decidido ponerse donde el capitán los vea, en un claro empeño por prolongarse en la administración de Danilo Medina.
Es el caso de Hotoniel Bonilla, quien ha estado faroleándose en los medios de comunicación. A pocas semanas de agonizar el mandato de Leonel Fernández, Bonilla ha sometido dos casos de corrupción que apestan a políticos. Y es que en este gobierno hay demasiada tela de donde cortar, si de desfalco y estafa hablamos, como para que el referido funcionario presente acusación, al echarse la paloma, contra el ingeniero Héctor Rodríguez Pimentel.
Se ha reclamado que las instituciones se sacudan de los distorsionantes influjos presidencialistas. El Poder Judicial, rebosante de debilidades que están a la vista, figura en el listado, pues no son pocos los que creen que la línea que lo separa del Poder Ejecutivo es demasiado fina. Y precisamente por esa razón, preocupa el activismo de Bonilla, quien lleva tres años como titular del DPCA sin logros apreciables.
¿Dónde estaba él antes? ¡Sabe Dios! No obstante, en los días que corren ha emergido en primer plano, tanto que se nota demasiado. ¿Cómo lo ha logrado? Desempolvado expedientes de manera selectiva. Claro, pecaría de injusto si no reconociese que ha decidido también llevar a juicio a algunos gatos morados de poca monta, metidos en la tómbola solo para justificar el sometimiento del ex director del INDRHI, a quien cierta vez el presidente llamó públicamente su hermano. Sea como fuere, la verdad es que en las horas póstumas de este cuatrienio, Bonilla se esfuerza por cacarear su valía, aunque para muchos se le hizo demasiado tarde.

