Opinión

Derroche de tinta y saliva

Derroche de tinta y saliva

Los comunicadores que no tienen ojos para ver las sombras de esta administración, muchos de los cuales figuran en la nómina pública, han derrochado tinta y saliva defendiendo la nueva reforma fiscal. No han faltado los que han procurado dorarnos la píldora atribuyéndosela a los desajustes macroeconómicos verificados durante la gestión de Hipólito Mejía, quien en agosto próximo cumplirá 7 años de haber cesado en el mando, interregno en el que se ha modificado más de una vez la estructura impositiva, aumentándose considerablemente no solo los niveles de tributación, sino también los bienes y servicios gravables.

Lo que nadie niega es que desde que Fernández optó por repostularse, la irresponsabilidad fiscal empezó a campear por sus fueros. El crecimiento excesivo del gasto público, destinado parcialmente a cubrir salarios parasitarios y subsidios con tufo electorero, generaron un déficit presupuestario, según datos del Banco Central, de 63 mil millones en el 2008, de 57 mil millones en el 2009 y de 55 mil millones en el 2010, los cuales se han financiado con préstamos externos que no sé qué generación por nacer tendrá que pagar.

Hasta abril pasado, cuando Fernández finalmente desistió de perseguir un tercer período consecutivo, el gobierno se había rehusado a poner en vigencia medidas de austeridad que compensaran el ruinoso balance que exhibían las cuentas públicas. Pero como no era ni es sostenible gastar más de lo que se recauda, y dados los peligrosos niveles de endeudamiento que hemos alcanzado, las autoridades, en lugar de desistir de su política de prodigalidad y desmontar el oneroso armazón clientelista que presiona los ingresos, han preferido suministrarnos esta nueva dosis tributaria estrecha y dolorosamente hermanada al régimen de concesiones demagógicas que facilitaron la reelección de Fernández en el 2008 y le permitieron al PLD agenciarse la mayoría de los escaños de La Feria en mayo del año 2010.

El Nacional

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