Desde la Independencia, el peso dominicano sólo ha sido moneda fuerte 35 años



Entre los años de 1962 a 1967, cuanto dominicano viajaba a la vecina isla de Puerto Rico podía comprar con moneda dominicana. Varias tiendas borinqueñas se promocionaban en diarios dominicanos, señalándose como receptoras de pesos dominicanos.

Llegué a cambiar pesos dominicanos en el exterior, a la par con el dólar de Estados Unidos de Norteamérica, hasta fines de 1982. En Europa debía hacerlo en agencias de cambio como Agencias Pereyra.

En el territorio estadounidense llegué a realizar el canje en máquinas de cambio de papel moneda estadounidense de alta denominación por papel moneda de menor denominación o por monedas. Hasta el 1982.

En ese año me encontraba en el hotel Lexinton, puerta con puerta trasera del Waldorf Astoria, cuando noté que carecía de los dólares para el pago del hotel. Pregunté en recepción si podía entregar pesos dominicanos.

Luego de revisar una tabla escrita y efectuar algunas llamadas, la joven del mostrador de recepción se negó a recibir el papel moneda dominicano. Acudí, por supuesto, a mis amigas las máquinas de canje.

Fieles hasta ese año, esta vez mis fieles máquinas se negaron a recibir las papeletas dominicanas.
Entonces recordé que entre el desequilibrio presupuestario y el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, y el endeudamiento interno y externo (pero sobre todo, externo) del Estado Dominicano, estábamos volviendo al peso dominicano en algo menos que un instrumento de cambio sin ningún valor.

Por supuesto, salvé mi situación personal acudiendo a un banco. Comprenderá quien esté leyendo estos recuerdos, que me cambiaron mis pesos con una altísima comisión.

Sólo una necesidad perentoria, como la propia de ese momento, me indujo a admitir el pago de la comisión de un 50%.

El peso dominicano comenzó a definirse con paridad frente al papel moneda de Estados Unidos de Norteamérica, en 1937.

El día 7 de febrero de ese año, Rafael Leonidas Trujillo envió un mensaje al Congreso Nacional, proponiendo la creación de ese nuevo peso.

Hasta ese año, el país realizaba su intercambio comercial atado a diversas monedas fuertes.
Amador Pons en La Romana y su hermano Miguel en Barahona compraban maíz desgranado, cacao y café para enviar a España, su tierra natal. Cobraban, sin embargo, en pesos oro mexicano.

Con ese peso mexicano pagaban a sus proveedores, campesinos que, habitualmente se llevaban en vez dinero, manteca de cerdo y carne salada provenientes de Uruguay; o arroz de Indochina (el Viet Nam de hoy) y granos argentinos.

Contra el desorden fiscal de los años previos al 1930 y las distorsiones (y desequilibrios) del intercambio internacional, ahora se vivían determinadas sujeciones.

Entre 1934 al fin de ese decenio, la República Dominicana tuvo un superávit en el intercambio comercial, de $30.7 millones de pesos.

Este constante crecimiento y el propio del manejo fiscal, condujo a Trujillo a presentar el proyecto del peso oro ese 7 de febrero de 1937. Se convirtió en ley, el 21 de ese mes, cuando las cámaras legislativas aprobaron el proyecto, promulgado de inmediato.

Ahora se necesitaba una banca emisora y los instrumentos de control. Esto se produjo cuando en el período de la segunda guerra mundial (y hasta 1946), el saldo superavitario llegó a 152.4 millones de pesos.
Se dejaba atrás la tormentosa deuda externa, se ponía en práctica una política restrictiva de endeudamiento y se aseguraba la solidez de las finanzas públicas.

Entonces, en ese período, fueron creados el Banco de Reservas de la República, el Banco Central y el Banco de Crédito, Agrícola, Hipotecario e Industrial (hoy Banco Agrícola).

Porque, además, se requerían instrumentos financieros ágiles, no tanto para atesorar, sino para estimular el crecimiento de la producción y de la economía en general.

Se promulgó una nueva ley monetaria y bancaria, vigente hasta hace pocos años y su modificación no tanto fue impulsada por obsolescencia, sino por el abandono por parte de la autoridad, del papel de vigilancia, orientación y ordenamiento de una banca nóbel y unas improvisadas instituciones financieras intermediarias, que, determinaron esa necesidad de cambio.

No dejo de significar que, de todas maneras, instrumentos de control y responsabilización introducidos por el nuevo código, eran, sin duda, necesarios.

El período pues, durante el cual la moneda dominicana tuvo paridad con el dólar estadounidense, transcurrió entre 1947 a 1982.