En ocasión al sensible fallecimiento de un destacado sancristobalense, ocurrido en Long Island, Estados Unidos, su hija Sandra, una de mis sobrinas amadas, despide a su progenitor, mi gran cuñado Luis, con las emotivas palabras siguientes:
Muchas gracias a todos por estar aquí, y nos reunimos hoy para recordarles de nuestro padre Luís Eduardo Sánchez y darle las gracias. Murió el jueves 8 de julio 2010 por complicaciones de la enfermedad alzheimer. Estoy orgullosa de decir que vivió 81 años, y aunque el alzheimer le robó la memoria, estamos juntos para recordarlo.
El nació en san Cristóbal, en 1928, asistiendo al instituto politécnico Loyola donde recibió honores, al graduarse como perito en mecánica, trabajó para la compañía de vidrios Alemán, y a mi papá le gustaba el boxeo, el béisbol y las peleas de gallos.
En 1969 salió del país para vivir en Queens, y se trajo a su segunda esposa Maria Teresa Rojas (Teté), mi madre y mis hermanos, Joselin, José Luis, Wilfredo y a mí.
Aunque mi padre no dominaba el inglés, trabajó fuerte y ascendió de posición a posición en varias compañías de Long Island, NY, hasta llegar a retirarse del trabajo en 1992, como gerente supervisor.
Me acuerdo de cómo nos llevaba a La Gran Aventura, un parque temático de muchas atenciones, en Washington D.C, Las Cataratas del Niagara y otros lugares donde tomábamos muchas fotos y nos grababa mientras nos divertíamos. Yo tenía 11 años cuando nos llevó a la gran aventura, y decidí irme en una de las atracciones bien rápido, llamado el Contipede o Cienpies. Mi padre me advirtió que tuviera cuidado, pues me podía marear, ¡bueno!, me entré en él y cuando me bajé estaba mareada, insegura y con nauseas, estaba apegada a mi padre como con la pega crasy glen, y por el resto del día me sentí enferma y mi papá me cuidó mientras mis hermanos seguían montándose en las otras atracciones.
Cuando recuerdo esta experiencia me doy cuenta que tuve un buen tiempo con mi padre.
Bueno, esas memorias y otras más de cuando él nos cuidaba, son las que me fortalecieron cuando me tocó cuidarlo en los últimos dos años antes de su muerte, pues desde que le comenzó la enfermedad, noté que el regresaba a la etapa de niño, pues al visitarlo el me sacaba los juguetes.
El alzheimer pudo haberle robado su memoria, pero no nos ha robado las memorias que nosotros tenemos de él y que vivirán por siempre en nosotros. El dejó una hermana, 10 hijos, 24 nietos y 3 bisnietos, y nos reunimos hoy en este lugar para apoyarnos el uno al otro, amarnos y consolarnos (favor de tomarse la mano), y en estos momentos difíciles uso el humor para pasar el tiempo.
En este momento, usaré una de las frases favoritas de mi padre eeellll taaantree, sépase ahora que cuando pasemos por momentos difíciles, tenemos un ángel de quien apoyarnos, y ese ángel es mi padre Luís Eduardo Sánchez
Estoy reclinándome en ti otra vez, papá. Gracias por la memoria y por todo lo que hiciste por cada uno de nosotros, Adiós, Besos, Sandríta.

