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Despiden restos Clara Leyla bajo llantos y dolor

Despiden restos Clara Leyla bajo llantos y dolor

En medio del llanto de sus familiares,  periodistas y profesionales de distintas  áreas destacaron  las  cualidades de    Clara Leyla Almonte Tejeda al darle  sepultura ayer en  el Cementerio Nacional de la avenida Máximo Gómez  con un sol  radiante y temperatura  calurosa.

El carro fúnebre llegó al camposanto a las 12:37 de la tarde,  de inmediato sus hijos  Marcos Emilio, Juan José, Claudia, Laura y Arturo cargaron el  ataúd hasta el nicho familiar  localizado en la  parte este del cementerio.

Decenas de personas, alguna con paraguas para protegerse del sol, acompañaron a la familia.

    Nóbel  Alfonso, hermano de la periodista fallecida, resaltó que ellos son descendientes  de  una familia ejemplar, “  nuestros  padres nos formaron en  medio de  ejemplo de civilidad,  y con la  esperanza de  luchar por una sociedad   mejor”.

Dijo   que estaba convencido que esos principios familiares  crearon  en Leyla  el interés y la voluntad  de hacerse  periodista para  seguir luchando    por los derechos de los más débiles, en un tiempo en que  “no era fácil enfrentar los poderes, militares, políticos”.

Nóbel Alfonso    pidió que la   sepultaran   al lado de  sus padres,  Pedro José Alfonso y Bienvenida Tejada.

La periodista Clara Leyla Alfonso murió  el viernes en su residencia a la edad de 68 años, después de padecer por varios meses de esclerosis lateral amiotrófica. Durante las décadas 70, 80 y 90 trabajó en los periódicos El Nacional, Hoy, El Sol y  Radio Popular.

La catedrática  universitaria  y abogada Sonia Vargas  consideró que  la  partida de Leyla es irreparable porque fue una mujer que ejerció el periodismo con prudencia, respeto  y honestidad.  

Su hija Laura  en medio del llanto antes de darle sepultura al cadáver  dijo  que   recuerda a su mamá  como una  mujer luchadora,  con  determinación  y fuerte.

Su nieto  Oscar,  en medio de la multitud que observaba el funeral en silencio,  decidió  hablar   y agradeció a su abuela  por el cuidado que le ofreció cuando era niño.

Después de  dos o tres minutos de silencio, a las 12:56 los familiares y  empleados del cementerio comenzaron a introducir el   ataúd en el nicho, luego  se procedió a sellar el nicho con  cemento ante la mirada impotente, resignada y  y triste de sus hijos, familiares y amigos.

El Nacional

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