Autoritarismo electoral.-
Fiel a una cuestionable tradición, el partido morado ha puesto en marcha una desordenada estrategia con el propósito de asegurarse el control de las instancias e instrumentos claves para las elecciones del año que viene.
Esa ha sido la historia. Digamos las cosas como son. En las elecciones del 2012 y 2016, por ejemplo, el PLD tenía control absoluto de la Junta Central Electoral, del Tribunal Superior Electoral, y habían bloqueado reiteradamente la aprobación de una nueva ley electoral y la ley de partidos políticos; es decir, en materia electoral estábamos como “chivos sin ley”.
Por otro lado, casi el 100% de las juntas electorales en los municipios estaban dirigidas por militantes del PLD, y los departamentos técnicos, operativos y de logísticas de la Junta los habían convertido en comités peledeístas.
En otras palabras, fue el PLD solito que organizó el proceso de votación en esas elecciones y, también, el que contó sus propios votos y los de sus contrarios, los hizo público y los certificó.
El caso de las elecciones del 2012 fue patético: los cinco jueces de la Cámara Contenciosa de la JCE habían aprobado el 15 de junio de ese año, mediante el Auto A1005-2010, disponer el recuento y verificación de los votos del Colegio 0009, en Oviedo, Pedernales, pero, días después hubo de retractarse y negar su propia sentencia anterior debido a que de manera pública e intimidatoria Reinaldo Pared Pérez les advirtió que pese a las evidencias de alteraciones demostradas, éstos no podían variar la sentencia que declaraba ganador al senador del PLD por tan solo 14 votos de diferencia. La solicitud de recuento la había hecho el PRD.
El autoritarismo electoral del PLD se completa en los territorios, con la miríada de tarantines, oficinas y residencias ubicadas próximas a los centros de votación con la misión de comprar cédulas y conciencias ante la mirada de autoridades civiles y militares, “ciegos y sordos”. Ahora quieren imponer el arrastre de senadores fosilizados.
Se espera que en el 2020 sea distinto, porque la JCE es otra y, más aun, porque no lo aceptaremos.

