CounterPunch
El ataque terrorista contra los hoteles de cinco estrellas de Mumbai estaba bien planeado, pero no necesitó de mucha logística de inteligencia: todos los objetivos eran fáciles. El propósito era crear el caos para atraer las miradas hacia la India y sus problemas y, en ese extremo, los terroristas han logrado un éxito total. Pero la identidad del grupo de encapuchados de negro sigue siendo un misterio.
Los Muyajaidines Deccan, que afirmaron ser los autores de la masacre a través de un correo publicado en prensa, es en realidad un nombre desconocido, probablemente elegido para llevar a cabo esta única acción. No obstante, las especulaciones no paran. Un alto oficial de la Marina india ha afirmado que los atacantes (que llegaron en un barco, el MV Alpha) tenían vínculos con los piratas somalíes, lo que implicaba que podía tratarse de un ataque en venganza por el éxito de la Marina india en su sangrienta intervención en el Golfo Arábigo que produjo numerosas víctimas hace algunas semanas.
El Primer Ministro indio, Manmohan Singh, ha insistido en que los terroristas tenían su base de actuación fuera del país. Los medios de comunicación indios se han hecho eco de esa línea argumental señalando a Pakistán (a través del grupo Lashkar-a-Taiba [*]) y al-Qaida como sospechosos habituales.
Pero esa no es sino una meditada elaboración de la imaginación política oficial de la India. Su función es negar que los terroristas puedan pertenecer a una variedad cosecha de la casa, un producto de la radicalización de jóvenes musulmanes indios que han abdicado del sistema político indígena. Aceptar este punto de vista implicaría que los médicos políticos del país necesitan curarse a sí mismos.
Al-Qaida, como recientemente dejó muy claro la CIA, es un grupo en declive. No ha llegado a aproximarse nunca a una situación en la que pudiera repetir algo vagamente parecido a los ataques del 11-S.
Es muy probable que su principal dirigente, Osama bin Laden, esté muerto (ciertamente no intervino poniendo su sello en vídeo alguno en este año de elecciones presidenciales en EEUU) y su adjunto se limita a recurrir a las amenazas y bravuconadas.
¿Y qué hay de Pakistán? El ejército del país está intensamente implicado en acciones en la frontera noroeste, por donde se derrama la guerra de Afganistán desestabilizando la región. Los políticos pakistaníes actualmente en el poder están haciendo repetidos gestos de apertura hacia la India. El Lashkar-a-Taiba, que no se muestra habitualmente nada tímido a la hora de proclamar sus acciones, ha negado con toda rotundidad implicación alguna en los ataques de Mumbai.

