Opinión

¿Dos partidos?

¿Dos partidos?

La proclamación de Miguel Vargas Maldonado como presidente del PRD tiene varias lecturas. Una de ellas es  que la tradicional organización opositora se enrumba por nuevos caminos para llegar nuevamente al Poder.

El sosegado discurso de juramentación de Vargas Maldonado indica también que hará una oposición moderada y sensata, en lugar de apelar a aquella de barricada que podría justificarse en otros tiempos, no ahora, cuando el diálogo  predomina en las relaciones políticas, tanto nacionales como internacionales. Y parece también que se ha puesto término a las rebatiñas que hasta ahora mantuvieron en vilo la unidad.

Si bien el liderazgo de Vargas Maldonado no puede compararse con el de José Francisco Peña Gómez, en estos momentos es el más sólido y quizás el único que podría garantizar la unidad partidaria.

Es lamentable que a la Convención del PRD no asistiera el ex presidente Hipólito Mejía, quien todavía parece estar resentido con Vargas Maldonado, en la creencia de que prosperaría su impugnación ante la Junta Central Electoral, de que se había violado la institucionalidad. Todo el mundo sabe que Vargas Maldonado fue escogido  por decisión de los aspirantes a ese cargo y  por los organismos superiores.

En vista del fraccionamiento del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) y la remota posibilidad de que se reunifique, se percibe que el camino ahora es el bipartidismo, pues como grandes organizaciones sólo podría tomarse en cuenta al PRD y al Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Nos pareceríamos un poco a los Estados Unidos.

Se supone que, en lo adelante, los dos grandes partidos tomarán más en cuenta a la juventud, dándole paso, como hicieron los “viejos robles” frente a Vargas Maldonado, quien obtuvo el 41% de los votos en las elecciones  de 2008. Es importante que sus candidatos se olviden de la funesta reelección, tal como lo estableció el acuerdo entre Vargas Maldonado y el  presidente  Leonel Fernández.

Esto no significa que el bipartidismo no significa  sea lo mejor. Es necesario estimular el surgimiento de fuerzas con ideas nuevas, capaces de fortalecer el proceso democrático, sin caer en los vicios de quienes hasta ahora se han considerado como los únicos que pueden llevar a cabo esa tarea.

El Nacional

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