La batata es originaria de los bosques ecuatoriales de América. El vocablo batata proviene de Perú y designaba cualquier tubérculo. El cultivo de este tubérculo está ligado a los orígenes de la agricultura en América.
La variedad de batatas de las Antillas fue traída por los indios suramericanos. En el sur, en la tierra del Cacicazgo de Jaragua era donde se daban mejor las batatas.
En el inicio de la colonización este alimento indígena sedujo el paladar español.
Cuando las batatas se sacaban en un tiempo muy temprano eran más blandas y con sabor a castañas o desabridas y con esa característica se les designa con el nombre de aje y cuando tenía de 3 a 6 meses se llamaba batata. Este tubérculo fue adoptado rápidamente por los españoles e incomparada a la alimentación colonial.
La batata tiene una riqueza alimenticia superior a otras raíces gigantes, conteniendo vitamina como hierro, calcio, azúcar, hidratos de carbono, etc. Los aborígenes la consumían cruda, salcochada y asada. Actualmente se consume en dulce, flan, jalea, cocida y asada.
Esta gran viajera fue introducida en África al comienzo del comercio de esclavos y con ella habrían viajado el maíz, los pimientos, los tomates, la yuca y las papayas.
En la historia natural y moral de los alimentos se registra que a los ingleses de la era isabelina les volvía locos comer batata, porque el dulce de ésta les permitía paliar la escasez y el alto costo del azúcar.
La batata entonces se convirtió en un plato de supervivencia para los colonos anglosajones de América del Norte.
Hoy en Santo Domingo se aprecia mucho el pan de batata o pudín, diferente a la receta originaria que se hacía con la batata cruda y guayada, mientras que la moderna es con la batata cocida y con sazones y sabores que los indígenas nunca poseyeron.
En consecuencia, como registra Fradique Lizardo, creemos que la técnica indígena fue alterada y adaptada a las costumbres que hemos ido adquiriendo.
