El III Festival Nacional de Teatro ha permitido múltiples voces que recorren los temas humanos, lo que ha dado oportunidad de ver en escena a Dulce Elvira de los Santos interpretando un texto dramático que recorre con dramatismo poético la situación compleja, contradictoria y paradójica de la mujer.
Un texto muy premiado internacionalmente del dramaturgo y médico español, José Luis Padilla y la dirección de Manuel Chapuseaux, con dramaturgia de José Alfredo Castelá, una vasija de plástico, un pañuelo, unos tambores roncos y bien tocados y un escenario en fondo negro sin nada más, fueron suficientes para sentir la fuerza interpretativa de la De los Santos.
El montaje de Mujeres he visto corresponde a una perspectiva contemporánea del teatro, esa que prescinde de grandes masas escenográficas y las líneas de producción de un teatro simplista y comercial que busca provocar la risa y generar la evasión, respetando siempre el derecho de quienes tienen como práctica, desde las tablas o desde las butacas, de ir al teatro a disfrutar de realidades cómodas e inconexas con lo que se vive, una vez que el telón ha caído o las luces se han apagado, con el botón sonoro del aplauso final.
La actriz despliega sus recursos vocales, corporales y su entrega subjetiva al personaje desde el cual sale en forma de palabras, gestos, danza y sugestivas miradas, el mensaje reivindicativo del nunca valorado con justicia rol de la mujer en un mundo edificado por y para hombre.
Dulce Elvira, ante una platea completamente llena en la Sala Ravelo y en función única, recuenta los roles y misiones de la mujer, rompiendo el criterio que la reduce al papel de objeto que satisface la muy incompleta sexualidad masculina o a reproducir la especie humana.
La intérprete deja sentir que las palabras de Padilla, son mucho más que términos de un parlamento dramático, tremendamente bien escrito a pesar de que es un hombre quien las ha generado y paseado por numerosos escenarios hispanoamericanos.
