Opinión

E Pluribus Unum “Conceder con elegancia”

<P>E Pluribus Unum “Conceder con elegancia”</P>

La decepción del Senador Al D’Amato crecía mientras permanecía sentado en una habitación ubicada en los pisos más altos del New York City Hilton.El senador miraba los resultados de las elecciones en la noche electoral de 1998.  Durante 18 años D’Amato había vencido todas las probabilidades en su contra, y se había mantenido como Senador Republicano conservador del estado de Nueva York, uno de los estados más demócratas y liberalesde los Estados Unidos.  Pero ahora, las cadenas de televisión reportaban que su suerte había terminado y que él había perdido su escaño en el Senado de los Estados Unidos.  Es más, su mala racha estaba empezando.  Cuando el Senador se montó en el ascensor para dirigirse a un salón de conferencia que estaba repleto de sus seguidores, y donde pronunciaría su discurso de concesión, el ascensor se detuvo entre los pisos 44 y 45.  Veinte minutos más tarde, cuando finalmente llegó al salón, inició sus palabras ofreciendo un sabio consejo.  “Cuando te dicen ‘Sólo seis personas en el ascensor’”, dijo, “presten atención”.

Pero, lo que dijo a continuación fue más increíble aún, y muy acorde con la tradición estadounidense.  D’Amato inició leyendo sus palabras, donde indicó,“Me siento muy agradecido de cada uno de los neoyorkinos que me ha dado la oportunidad de hacer lo que más amo: trabajar, luchar e intentar marcar la diferencia para la gente de este gran estado”.  De inmediato dijo que había llamado a su rival, el actual Senador “Chuck” Schumer, para felicitarlo por su victoria.  Sus obviamente decepcionados seguidores empezaron a abuchear a Schumer.  Fue entonces cuando D’Amato puso a un lado su discurso y los interrumpió con palabras que aún recuerdo.  “No, no”, dijo.  “El [Schumer] es nuestro Senador, y queremos que él sea lo más efectivo posible para toda la gente de este gran estado.  Recuerden eso.  Esa es la clave.  Hacer lo necesario para beneficio del pueblo…. Tuvimos la batalla.  Terminó la batalla.  Me siento orgulloso de haber llevado la antorcha.  Pero ahora, ese liderazgo estará en manos de otra persona.  Y queremos que este estado cuente con el tipo de liderazgo que le permitirá continuar siendo el gran estado que es y que seguirá siendo”.

Hace doce años, en situaciones parecidas, y luego de una prolongada disputa sobre el conteo de votos en la Florida que finalmente fue resuelta por la Suprema Corte de los Estados Unidos, el Vicepresidente Al Gore se dirigió a la nación donde le concedió las elecciones presidenciales a George W. Bush.  En palabras que aún resuenan a verdad, dijo que “aunque habrá más que tiempo para debatir nuestras continuas diferencias, ahora es el momento de reconocer que aquello que nos une es mucho más grande que lo que nos divide.  Aunque todavía mantenemos y no cedemos ante nuestras respectivas creencias, existe una responsabilidad mayor que la que les debemos a nuestros partidos políticos.  Esto es los Estados Unidos y nosotros ponemos el país por encima del partido.  Apoyaremos juntos nuestro nuevo presidente”.

Las palabras del Gobernador MittRomney el pasado martes por la noche reflejaban esta gloriosa tradición de D’Amato y de Gore, y de muchos otros perdedores.  En los próximos cuatro años, tendremos mucho que celebrar, criticar y debatir sobre el ganador de las elecciones del pasado martes. 

Por ahora, simplemente quiero celebrar el patriotismo y el compromiso asumido por el perdedor del pasado martes.  Así como muchos otros factores, han sido los buenos perdedores los que han permitido que la democracia estadounidense perdure.

El Nacional

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