Muchos se extrañan de que en los Evangelios no se use la palabra Ekklesía-Iglesia. La usa San Mateo en su Evangelio en dos ocasiones (Mt.18, 17 y 16, 18). Los demás evangelistas, como tales, no la usan. San Lucas la usa solamente en los Hechos a partir del cap. 5. En el libro de los Hechos el término aparece 23 veces; en San Pablo 46 veces, y en el Apocalipsis 20 veces.
La Iglesia surge a la historia en virtud de las comunidades que comparten la experiencia viva de un Cristo Resucitado que se aparece y proclama como señor de vivos y de muertos. Esto, para San Pablo y para todo el Kerigma es fundamental y decisivo.
I.- Pero en la conciencia de los primeros cristianos post-pentecostales contaba mucho la esperanza y no solamente la fe y la caridad. La vida cristiana auténtica se asienta en ese trípode maravilloso doble: en el cielo y en la tierra (IJn.5 Iss.). Así, pues, Cristo tiene que ser asumido como Esjatón, como medida y término de todo, como retorno constante y como juicio. A la iglesia de siempre le son esenciales y vitales esas actitudes y talantes que surgen de la Escatología y de la Parusia.
II.- La Iglesia primitiva, que vivió tan vivamente a ese Cristo total, tuvo que contraponerse pronto a la Sinagoga. Porque la sinagoga, desconociendo el gran Acontecimiento de la avenida de Cristo-Mesías y habiéndole rechazado como tal, le substituían con la Ley de Moisés y las Tradiciones. San Pablo mismo confiesa haberse entregado en cuerpo y alma a ese culto de la Ley y las Tradiciones y por lo mismo tuvo que convertirse en perseguidor y devastador de la Iglesia de Dios, con exceso y aventajado en el celo por el Judaísmo a muchos de los coetáneos de mi nación y mostrándome extremadamente celador de las tradiciones paternas (Gal. 1.13-14).
Los primitivos cristianos, lo mismo que Cristo y San Pablo, pagarían con su sangre y sus vidas esa contraposición y desvinculación de la Sinagoga. Los Hechos nos muestran esa lucha a muerte entre la Sinagoga y la Eklesia (Cap. 13-28).
III.- A esa tensión y enfrentamiento virulento y mortal de la Sinagoga y las primeras comunidades cristianas donde quiera que éstas se formaren, se debe las dos únicas referencias con el nombre explícito de Ekklesía usadas por San Mateo (Mt. 16, 18 y 18 15-20). Mateo enfatiza que la Iglesia está asentada sobre la roca que es Pedro (Mt. 16, 18) y concibe a la Iglesia como lugar de reconciliación y no tanto de pugnas polémicas, apologéticas. La Iglesia está compuesta, sí, por todos los que aceptan a Jesús como Salvador y Mesías. Cristo mismo se hace presente allí donde dos o tres están reunidos en su nombre. Eso le da a la Ekklesía su carácter especialísimo. En ella existe el poder de atar y desatar, un poder ratificable por el cielo mismo. Pero lo que en ella debe primer sobre todo es su poder de perdonar hasta 70 veces siete.. Y el que no perdone a uno de sus hermanos de todo corazón, no será perdonado por el Padre celestial (Mt. 18, 15-35).

