Opinión

Ecológicas

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Los países calificados desde hace un tiempo, como del tercer mundo o en vías de desarrollo confrontan un serio dilema a la hora de implementar programas organizados de planificación a corto mediano y largo plazo. Esa problemática es basada en el aspecto fundamental del trabajo en equipo, que no se tiene la cultura de establecer, la dualidad de la función pública, la credibilidad manifiesta de que nadie tiene mis conocimientos, la estructura mental de que la personas egocéntrica es la dominante entre otros aspectos. Como es conocido, la frase “sociedad del riesgo” fue introducida en 1986 por un sociólogo alemán, Ulrick Beck, en un libro del mismo título que ha sido traducido al español. Con esa frase, Beck hacía referencia a lo que entiende como nueva condición definitoria de la modernidad: la presencia constante de amenazas para la salud y la naturaleza. Para ese autor, si la distribución de la riqueza, la distribución de bienes, era el eje de estructuración social en la sociedad del pasado, hoy ese eje tiende a ser la distribución de riesgos, la distribución de males. Pero  debemos conocer que, Sin embargo, no se trata sólo de que hoy tengamos de vivir con más o mayores peligros que en el pasado. La peligrosidad actual es de un carácter muy distinto. Suelen indicarse tres notas definitorias. En primer lugar, hoy tenemos que hacer frente a amenazas de naturaleza catastrófica, que pueden afectar a buena parte de la humanidad. Son amenazas que, a diferencia de los males de pasado, ya no respetan las fronteras entre clases sociales, entre países o entre generaciones. Algunos ejemplos son las catástrofes nucleares, el deterioro de la capa de ozono, los derramamientos de petróleo o los priones del mal de las vacas locas. En segundo lugar, el riesgo hoy se encuentra en el centro de la vida cotidiana a nivel individual. Ante la diversidad de cursos de acción que abre el actual desarrollo científico-tecnológico, las tradiciones vinculantes del pasado han perdido hoy la fuerza para regular la conducta individual, y tenemos que hacer frente constantemente a decisiones arriesgadas en nuestras vidas. Por ejemplo al decidirnos en el supermercado por un tipo de carne, exponernos a una técnica médica o encender un cigarrillo light. Y, en tercer lugar, las amenazas actuales ya no se conceptualizan como peligros, es decir, como daños inevitables. Prácticamente todos los males que hoy nos amenazan son entendidos como riesgos, es decir, como daños que resultan de la acción o de la omisión de la acción de algún ser humano. En el pasado, y quizá todavía en algunas culturas fuertemente ancladas en la tradición o en los márgenes remotos de la industrialización, los males se atribuían al destino, a la naturaleza o a alguna voluntad sobrenatural. Hoy son motivo habitual de atribución de responsabilidad a algún actor social. esto lo establece José A. López Cerezo, Universidad de Oviedo en su Riesgo y precio del progreso, universidad de Oviedo. 2010

El Nacional

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