Editorial: Democracia a conveniencia

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La defensa irrestricta a la soberanía nacional no puede estar sujeta a interpretaciones acomodaticias con intereses coyunturales de cualquier naturaleza porque ese es un concepto imperecedero y vinculante con la nacionalidad, libertad y autodeterminación.

El injerencismo suele presentarse como lobo con disfraz de Caperucita hasta transformarse en intervencionismo como tantas veces ha ocurrido durante la historia dominicana y de otros muchos países.

Para muestra se recuerda que la invasión militar estadounidense de 1965, que se ocultó en el ropaje de una Fuerza Interamericana de Paz, comenzó con la expresión de un temor en Washington sobre el advenimiento del comunismo en esta tierra.

Políticos rechazan que el reclamo del senador Bob Menéndez para que Estados Unidos use su poderío diplomático para impedir aquí un supuesto intento de reforma constitucional, constituya una forma de intervencionismo, y en cambio lo definen como una expresión de la “globalización de la democracia”.

Así las cosas, debería otorgarse la misma consideración a lo expresado por el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, quien afirmó que sería “absolutamente discriminatorio que el presidente de Bolivia, Evo Morales, no se pudiera presentar a la reelección”.

La candidatura de Morales es considerada ilegal por la oposición política, por incumplir el límite constitucional de dos mandatos consecutivos y el resultado de un referéndum que en 2016 rechazó la reelección, pero fue avalada por el órgano electoral del país en 2018 con base en un fallo del Tribunal Constitucional de 2017.

Si por conveniencia política es, quienes promueven la reelección del presidente Danilo Medina dirían que lo dicho por el secretario de la OEA representa “la globalización de la democracia”, en tanto que la oposición advertiría que se trata de un “grosero acto de intervencionismo”.

Los principios fundamentales de una nación no son objeto de interpretación acomodaticia, como por ejemplo proclamar injerencia extranjera con respecto al tema migratorio, pero tildar de “preocupación por la democracia”, cuando se pide a una potencia foránea que intervenga en asuntos propios del fuero nacional.

Las expresiones del senador Menéndez y del secretario Almagro son inaceptables, sin importar a quienes benefician.