Opinión

El banderón, el papelón y la misión

El banderón, el papelón y la misión

Cuando la cámara instalada en el aerostato enfocó el estadio de Arlington, una gigantesca bandera norteamericana ocupaba la mitad del campo de juego. Aquel banderón era sostenido a una altura de más o menos cuatro pies sobre la grama del campo, por más de cincuenta hombres.

Iba a iniciarse el cuarto juego de la serie mundial de base-ball en el hogar de los Rancheros de Texas.

En un carrito de golf, manejado por el más joven, dos expresidentes de la nación más poderosa del mundo, se trasladaron desde el fondo de los jardines, bordeando el  banderón hasta el montículo de lanzar: eran los George Bush, padre e hijo. En el haber de ambos: Autorizar en el ejercicio de sus respectivas presidencias, invasiones devastadoras a países del medio oriente.

¿Motivo del espectáculo?, ¿Qué el hijo hiciera el simbólico primer lanzamiento del juego?, no lo creo, puesto que el protocolo deportivo no lo establecía esa noche; ¿Qué A el triunfo del día anterior los había envanecido» y daban por seguro que el equipo de sus intereses sería el campeón?, tampoco lo creo. Entonces, ¿por qué exponerse al papelón que el destino y San Francisco, el del evangelio de la paz, el de Asís, con residencia temporal en California, les reservaban? La hueste de San Francisco, con herméticos lanzamientos y oportuno bateo, abatió el ánimo de los engreídos rancheros.

Sin embargo, aquella patriotera funcionó antes del juego, con el banderón extendido y la presencia de veteranos de guerra, ante una incalculable multitud (sumandos los televidentes) justamente dos días antes de las elecciones de medio tiempo, obedeció fundamentalmente a la necesidad que tienen los halcones de desplazar del poder al actual presidente demócrata. La presencia de dos notables representantes del lamentable republicanismo guerreador, hay que reconocerlo, todavía influye en la intención del voto, de amplios sectores del electorado estadounidense.

Y si bien el Nóbel de la Paz, no ha podido hacer honor a su prematura distinción, sus adversarios saben que es incapaz de justificar con la mentira -como lo hizo Bush hijo- una nueva guerra de conquista.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación