Con la cancelación del anunciado debate entre Danilo Medina e Hipólito Mejía, los votantes hemos perdido la única oportunidad que teníamos de ver a los señores enfrentando sus ideas, planes y visiones de país.
Hablo de la oportunidad de decirles: Oigan, si quieren gobernar el país, por favor, discutan entre ustedes qué c… van a hacer con él si mi voto se lo permite.
Pero ya no será. Y lo entiendo. Y no es ironía ni gadejo.
El asunto es sencillo como mirarme en su pelo negro o fundirla en mi abrazo cuando muere la noche: Nadie está obligado al suicidio.
Según mis fuentes, a la fecha, DM mantiene una ligera ventaja sobre HM. Pero las cuatro semanas que restan para el 20-M podrían ser suficientes para que HM se recupere y obligue a una segunda vuelta.
Pero digo que nadie está obligado al suicidio, porque la superioridad de Mejía sobre Danilo en lo que a simpatía, charming, glamour, carisma y chulería se refiere, es similar a la superioridad de Medina sobre Mejía en lo que a conceptualizar y confrontar de ahí-ahí y sin terceros, las ideas y proyectos, el pensamiento político de ambos.
Si el debate/competencia consistiera en concitar aplausos en el Estadio Olímpico en un chulísimo campeonato de cuentos verdes; o una competencia de echar boches, darse cuerda y lograr que el otro la coja, o ver quién relaja más y la pasa mejor en un field day de dominó, un brugalcito y dos mulatas de buen ver perfumando el escenario…. Danilo Medina estaría perdido.
Pero el debate, a menos que ANJE me corrija, se trataba de confrontar las ideas que tiene cada cual, las formas y maneras con qué pretenden estos señores administrar el Estado que es una cosa demasiado seria, y conlleva un respeto a una investidura que corona al Presidente como el primero entre sus iguales.
Que los señores institucionalistas, conceptualizadores y argumentadores de la cosa me perdonen. Pero nadie está obligado a la inmolación por algo que no manda ninguna ley.
Mejía ha hecho su tarea: concentrándose en acercarse a la gente, repartir chistes buenos y abrazos, que es lo suyo y así se comió a Miguel Vargas, que llegó a tener frente a él una ventaja de 4 a 96.
HM ha hecho su tarea, pero tal parece que a DM sus asesores no le han permitido hacer la suya. Hablo de hacer con los entrevistadores de radio y televisión de cierta credibilidad y respeto hacia sus entrevistados, lo que hace Mejía con los mano a mano: Decir aquí estoy, pero haciéndolo en el escenario que le permite presentar su mejor cara.
Danilo es un líder racional no emotivo ni pasional. Justo y lo contrario de Hipólito. Danilo convence con argumentos, Hipólito atrae con un buen chiste, un abrazo, la explotación inteligente de unas relaciones primarias que él explota y fomenta como nadie.
Por eso, uno defiende la ausencia de Mejía en el debate: Nadie está obligado a suicidio. Y al mismo tiempo, lamenta que los asesores de Medina no le hayan permitido presentar su mejor y más convincente cara frente al país, a través de periodistas objetivos e independientes, quizás incomodos, pero siempre respetuosos.
Hipólito no está obligado al suicido electoral que representaría un debate. Pero Danilo no debería huir a la posibilidad de presentar su mejor cara de candidato: el de las ideas, los argumentos y las propuestas.

