La Familia, la Propiedad Privada (de amor) y el Estado (de orfandad)
Para bandera, la tricolor; para valores, el trabajo; y para vivir, la familia, el núcleo familiar y poco más, acaso el barrio, la esquina, los amigos, cuatro frías y una canción del príncipe que suena en J-3 influenciada por Quevedo: Soy aquel dolor de ser, por ti he vuelto a nacer, soy polvo enamorado.)
¿Y por qué tan sentido proemio? Sencillo. Se trata de que entre estadísticas de CONANI, números de Fiscalías, datos del registro civil y sus divorcios, vamos viendo desintegrarse la familia dominicana por razones que no caben en este bulevar, ¡y que poco estamos haciendo para evitarlo! Culpas son del tiempo y no de España, sí. Pero también culpas de nosotros son, que para algo somos los demás de los demás, según Alberto.
A estas alturas de la decepción y los desencuentros, los dominicanos deberíamos saber que sin familia no puede haber paz ni puede tener futuro un país, aunque el polígono central de la capital y ciertas zonas de Santiago parezcan Miami o el Midtown de Atlanta. (La familia, c , la familia, que lo demás es gofio frito, tallota en un bolsillo, casabe en un chaleco, caballá quiero decir, con perdón.)
Si el hogar de esta jodida posmodernidad es una casucha o un apartamento monoparental, (un solo padre), o el de una abuela criando unos hijos de una hija que se fue, del hijo que se marchó. Si muchos de nuestros hijos son apenas huérfanos de padres/madres vivos. ¿Y entonces? (La seguridad, la salud mental que representa para una hija/hijo la presencia permanente de un padre/madre no tiene precio ni hay Master Card que la pague. Seguro también les ha ocurrido a ustedes: Tú ves, amiguita, este es mi Papá)
Si ya la familia dominicana, alienadita en su tener antes que en ser, perdida en su analfabetismo sentimental a dos idiomas, ya no habla, ni reza, ni relaja unida en torno a los padres y los valores que le formaron; si en colegios, barrios, escuelas y hasta en semáforos anda el reguero de muchachos mostrándonos su orfandad como una herida abierta o un agujero en el cielo, entonces, es que vamos hacia la barbarie. No olvidemos lo principal. Volvamos a la familia como se vuelve siempre al amor.

