Desde el 23 de diciembre el país se va cerrando por la alegría, el jolgorio, la juntadera y la reunión feliz.
Aunque debemos admitir que la víspera de la Navidad es mejor que la misma Noche Buena, día en que el profesional del buen trago se limita a un par de copas de buen vino, un buen güisqui doble, y solo toman con fiereza los iniciados/amateur del dios Baco. Hagan memoria.
Cuando llega la Noche Buena, hace rato que ya usted se ha reunido con los amigos y ha reinstalado para la ocasión la chercha familiar con la misma cuerda por los mismos temas.
Digamos que con la Noche Buena ocurre como con el amor, a veces su recuerdo es mejor que la realidad a la que él remite.
Por eso, con la llegada del 23 de diciembre y su pre-cena, laboral y profesionalmente se inicia en el país una quincena perdida, y que en el calendario de 2011 se extenderá hasta el lunes 10.
No nos engañemos. Serán dos semanas donde ningún negocio se realiza, ningún viaje tiene sentido, y las actividades políticas siguen pero muy por lo bajo, pues los miguelos, danilos, leoneles e hipólitos aprovechan para cargar las pilas.
Cerrado el buen circo de la política, impedidos los negocios, ventas, cobranzas, sólo la cultura y el entretenimiento nos salvan del aburrimiento y los programas repetidos.
Así, este martes a las seis, el recién estrenado Nobel de literatura, el agradecido Don Mario Vargas Llosa, será condecorado por el Estado Dominicano en un acto necesariamente formal y lucido, donde, imagina uno, José Rafael Lantigua, ad vitam director del suplemento Biblioteca y actual Ministro de Cultura, mostrará sus dotes de intelectual de la literatura, propietario de unas de las prosas más admirables de todas nuestras letras, desde que Enriquillo Sánchez nos regalaba a París en cada párrafo de sus crónicas.
A las ocho del mismo día, en la sala de la cultura del Teatro Nacional, Tony Raful estará presentado su más reciente libro de poemas de corte espiritual y mágico. (Bien lo saben los poetas: cuando la política baja, el espíritu sube para salvarnos.) Cuando Tony esté leyendo el último poema, serán cerca de las diez, y en el Hotel Jaragua Raymond Pozo y Miguel Céspedes habrán comenzado una quermés benéfica de talento humorístico, Los Reyes del humor, a beneficio de sus hijos y de la DGII.
Y una vez más la cultura, con sus múltiples expresiones salvará -ya no a una civilización extraviada en el laberinto sin fondo de tener para ser-, sino a todos nosotros del sopor cansado de esta quincena perdida. (Por cierto, ¿qué sería del amanecer sin el brillo de tus ojos/Qué sería de la Navidad y sus nostalgias sin la alegría de tu ser?)

