Tal que ayer, celebraba uno la eficiencia de la procesión mediática de los patronos, industriales y empresarios por defender sus intereses ante la posibilidad de que sean disminuidos los beneficios, facilidades, incentivos y otros especímenes del clientelismo político que todos los gobiernos tradicionalmente les han otorgado.
Como se sabe, tradicionalmente el Estado dominicano ha sido la fuente originaria de la mayoría de las grandes fortunas nacionales que lava el tiempo. Y así, cuando llegue el año 2052, los nietos de nuestros actuales grandes políticos corruptos serán honorables ciudadanos empresarios, industriales o patronos. (Hagan memoria y jódanse.)
Ante el panorama actual de lucha por los derechos de los trabajadores, ayer preguntaba uno, dónde carajo están sus representantes, la izquierda democrática, el socialdemócrata PRD, el marxista-boschista PLD.
Resulta que mientras esto ocurre y los señores defienden desde los Medios sus posiciones y expresan sus atemorizados temores, anda Pepe Abreu, vocero de los trabajadores, más solo que un guachimán a las cinco, solo, como el amanecer de los amantes heridos, como las malas noches después del olvido.
Anda Pepe, como un Quijote vencido y sin León Felipe, defendiendo trabajadores sin trabajadores, sin izquierda democrática, socialdemócrata en blanco o liberadora en morado, porque ya no queda nada de eso y la lucha de clases de Marx ha devenido en una lucha de marcas, poses y dobleces.
Desde que PC dejó de significar Partido Comunista para ser identificado como Personal Computer, comenzó uno a sospechar del futuro. El fin del comunismo, -lo dijo el beato don Juan Pablo-, no hizo al capitalismo más humano, como se esperaba, sino más insensible, bestial y despiadado y en eso estamos.
Y mientras entre todos rodamos la rueda que rueda, y teorizamos y diagnosticamos sin fin, y lamemos nuestras heridas vencidos ante la historia, (la izquierda que es una aberrante postalita de todo lo que pudo ser), anda el pobre nacional sobreviviendo gracias a la mano amiga del narcotraficante solidario, el lavador filantrópico, el político corrupto y dadivoso, la sobrina vagabunda que reparte, o las senatoriales loterías y las edilicias y municipales bancas de apuestas. (Muy mal anda una patria donde hay más bancas de apuestas que escuelas.)
Me aseguran que hoy en el PLD, el PRD y cierta izquierda de Cartier hay más empresarios ricos que en el CONEP, y comienzo a comprender tanto miedo, pelotones, fusileros.
Por todo esto, sólo un Baninter político de poblada y muerte, rebelión y caos, salva a un país de espaldas a su realidad, atrapado en una polarización de injusticias que aterroriza: con un cinco por ciento de la población muerta de aburrimiento, gimnasia sexual de encargo, volando entre París y New York; y un 95 por ciento cada vez más pobre, unos de carencias materiales fundamentales y todos de esperanza, o sea, la más peligrosa pobreza.
Cuando un hombre/pueblo pierde la esperanza, es que no le queda ya nada que perder. Y entonces, volverán las oscuras golondrinas, y a pesar de tu ausencia tendrá voz el silencio, el cruel silencio de la espera.

