El Caribe



El 71 aniversario que festeja hoy El Caribe es motivo de gran regocijo para la sociedad dominicana y en particular para la prensa y para los periodistas porque ese periódico ha transitado por difíciles laberintos de la historia hasta situarse hoy en la cúspide de la estima pública.

La democracia no podría sobrevivir sin la savia que le proporciona una prensa libre, como la que ejerce el fraterno matutino, periodismo responsable e independiente, que contribuye con el fortalecimiento de la gobernanza y las libertades públicas.

Liberado de las garras de una tiranía sin ejemplo, El Caribe emergió como un gran instrumento de la pluralidad política, siempre con la vehemente determinación de identificar y promover la verdad y la objetividad en todo estado de causa.

Ese periódico ha sido por más de siete décadas una especie de seminario desde donde egresaron maestros del periodismo que a su vez sembraron en otras generaciones de periodistas la semilla de un ejercicio ético y apegado a los valores que dieron origen al gentilicio nacional.

El Nacional se une al júbilo de la prensa dominicana por el cumpleaños de El Caribe, ocasión propicia para transmitir cordiales felicitaciones a su director, Osvaldo Santana, a los propietarios de su editora, Félix García y Manuel Estrella, y a todo su personal.

¿Reír o llorar?

Con la abstención de República Dominicana y Rusia, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU) acordó poner fin a la Misión Policial que opera en Haití, para sustituirla por otra solo de carácter político, decisión que sorprende a ese país en medio de una grave crisis política y económica.

No se sabe si reír o llorar por el retiro de más de mil 300 “cascos azules”, que fungían como policías en Haití para ayudar a contener oleajes de desórdenes que drenan la precaria estabilidad política y social, por lo que el río de anarquía podría romper las débiles represas de autoridad.

Si se enarbolan los sagrados principios de soberanía y autodeterminación, hay que saludar la salida de Haití de las tropas de Naciones Unidas, pero debe admitirse que en términos reales esa decisión de la ONU puede ser también una mala noticia para los haitianos y para sus vecinos.