Opinión

El Casandra y la alfombra de las mujeres

El Casandra y la alfombra de las mujeres

SUSI POLA
SANTIAGO.- La discusión pública planteada por el comentario sobre los merecimientos o no del principal galardón a la comunidad dominicana de artistas, el Casandra, una premiación anual que facilita aún más la fama de quien se lo gana, ha dejado al descubierto la tergiversación de valores en que nuestra sociedad se encuentra.

En efecto, la lectura de los comentarios producidos en los diferentes medios, muestran el desorden en este sentido, cuando un buen número de personas, algunas de ellas analistas de noticias, buscan aclarar que el comportamiento de alguien que es figura pública, no tiene que ver con sus dotes artísticas y su vida profesional y que, cuando se honra al sujeto, como es en el caso debatido, se le reconoce su popularidad y esfuerzo. Y punto!

El mito precisamente, es mantener la visión dicotómica de las personas, sus intervenciones y sus consecuencias, cuando afirmamos la posibilidad de esa especie de disociación esquizofrénica que permitiría, en este caso por ejemplo, un mismo sujeto actuara de manera filosófica diferente y en tiempos concomitantes en su vida.

Y lo más grave es que podamos separar actuaciones en el caso de personas que se convierten en paradigmas de la niñez y de la juventud, aún cuando hay un expediente penal público que, al menos en teoría, inhabilitaría las funciones mientras el proceso dure. Es así con quien haya cometido un crimen cualquiera, como robar, herir, matar, etc., y la violencia de género contra la mujer es un crimen tipificado por el Código Penal Dominicano.

El otro lado de la doble moral en que hemos caído, es aludir al mito de “mal de muchos…”, cuando se trata de minimizar los delitos de unas personas, con la referencia a que otras, de mayor “rango”, también lo hacen, con lo que se justifica la posibilidad de seguir replicando el paradigma de la violencia, el crimen y el individualismo; una especie de “tó e tó, y ná e ná”, que está consiguiendo doblegar peligrosamente el razonamiento hacia la mayor de las simplezas.

El problema es tan grave que hasta el presidente de la República Dominicana, en esa onda de minimizar e ignorar las violencias contra las mujeres como crímenes, acaba de solicitar formalmente al cónsul general en Boston, Dominico Cabral, que haga las averiguaciones necesarias, supervise la situación del dominicano sentenciado a cadena perpetua, Hamlet López, y se encargue de cualquier tipo de ayuda para él y sus familiares. López asesinó con saña el 20 de mayo del 2007, a su ex compañera sentimental, Miledis Hilario, en el apartamento de la víctima, en Providence, profiriéndole 40 puñaladas porque se negaba a volver con él y trató de suicidarse después de cometido el feminicidio, siendo condenado a cadena perpetua en el mes de enero pasado en Estados Unidos. Una oferta de ayuda completa que ya quisieran tener los hijos y familia de las  dominicanas sacrificadas en nombre del machismo, para quienes no existen en el país programas de recuperación ni resarcimiento.

El caso es que esta sociedad se está “devaluando” cada vez más al hacerse tan irreflexiva; tanto que ya ni entendemos los presupuestos más simples de la ética humana, deformando ideas, conocimientos y prácticas, estableciendo esa doble moral a la que se agarran las personas en su faceta pública para triunfar a costa de todo y cayendo en el caos moral.

Todas las instituciones socioculturales y las personas que las conformamos tenemos responsabilidad universal en las violencias sociales y de género, una respuesta que tiene que ver con el enfoque con que las abordemos. Personalmente, decido pensar que la alfombra de esta noche será roja para recordar la sangre de las dominicanas maltratadas y asesinadas por el sólo hecho de ser mujeres. Igual que Miledis Hilario.

susipola@gmail.com

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