¿Qué Pasa?

El Centro Cultural León

El Centro Cultural León

Eduardo León Asensio (q.e.p.d), el amigo inolvidable, poco después de inaugurado, me había dicho: “yo mismo te voy a llevar al Centro León”.

Mis menos frecuentes visitas a mi admirado Santiago y sus achaques me detuvieron. Mucho más su despedida. Pero el alma y director del Centro Cultural León, Don Rafael Emilio Yunén, retoñó – la invitación. Allí disfruté también de la calidad acogida de don Guillermo León Asensio, dueño de la anécdota oportuna y del reir contagioso.

Al llegar, me llamó la atención la grandiosidad física del edificio y alrededores. Más que un Centro es un Palacio de la Cultura. Y Allí mismo los grupos escolares, ellas y ellos, felices y curiosos, me cautivaron. El Centro ha recibido visitas hasta Pedernales.

 Tras un vestíbulo amplio y derrochador de selectas Artes Plásticas de jóvenes dominicanos, fruto de los concursos bienales, nos dirigimos a la fábrica de cigarros La Aurora. Como yo la conocí hace décadas. Es una reproducción física en menor escala, pero donde se produce el mejor tabaco del mundo al igual que antaño: La tribuna del lector de tabaquería que lee sin cesar desde las noticias del día hasta las obras cumbres de la historia y de la literatura universal. Por eso la franja laboral tabaquera es la más culta de todas.

 Allí las distintas tripas que la mano diestra del tabaquero sabe seleccionar y, veloz, recorta con su cuchilla típica. “La Chaveta”, las retuerce y aprieta con el capote y la capa, ahora de tabaco dominicano, para terminar el cigarro perfecto. El que llega a valer cientos en su vuelo a cinco continentes.

En la parte alta el cálido culto a los antepasados. Fotos hasta de los padres de Don Eduardo León Jimenes y del renombrado tío Herminio. Doña Mayún Asensio Córdova, la digna progenitora, resalta en todas partes, fotos del día en que llegó la luz eléctrica a Santiago y, sobre todo, las fiestas del reinado de belleza donde conoció con amor eterno al padre de sus hijos.

Con cientos de vivencias disfrutadas entre ellos, nada me llama más la atención que la permanente y demostrada devoción de los hermanos León Asensio a la memoria de sus padres.

En la cafetería, que aspira, con logros, a restaurant de delicadezas, el personal juvenil y laborioso del Centro contempla atenta en pantalla gigante la acensión de Obama. Después, el sorpresivo Museo Antropológico con fotos vividas de manglares de raíces enormes y aterradas sobre el agua, árboles gigantescos a los lados conectados en lo alto como un techo te dan la sensación real de que estas inmerso dentro de un manglar viviente.

La encantadora y explicativa guía, Dolores Llenas, nos conduce entonces al Salón Aborígen que contiene las valiosas y bien conservadas piezas de las colecciones generosa y sabiamente donadas al Centro por Gustavo Tavares Grieser y Bernardo Vega. Contrasta, en el siguiente espacio, como lo hizo la historia, la Colección Hispana de los Colonizadores y, al final, el más dinámico y realista espectáculo de tiempo atrás, al correr de La Aurora con marchantas de bellas cabelleras atrapadas por su bulto de víveres recién cosechados. Y pregoneros que sólo girarlos entonan su verídico pregón. La afanosa guía nos recuerda sus nombres de pila. Cervantes decía: “La traducción es un tapiz vuelto al revés”. También mi relato, vaya usted mismo y palpe la maravilla encerrada, como joya, en el corazón de Santiago.

El Nacional

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