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El debate sobre inmigración se endurece en Gran Bretaña

El debate sobre inmigración se endurece en Gran Bretaña

 Por Jacques KLOPP 

 

 

LONDRES, 27 Ene 2014 (AFP) – El gobierno británico ha multiplicado en los últimos tiempos los anuncios agresivos contra la inmigración, presionado por la prensa, la opinión pública y el ascenso de la ultraderecha, pese a los estudios recientes que insisten en sus beneficios.   «La ausencia de un partido fascista influyente como el Frente Nacional en Francia lleva a los grandes partidos a apoderarse del debate sin complejos», explicó a la AFP el doctor de ciencias políticas Andrew Blick, del King’s College de Londres.   «Pero ahora», añadió, «se han alcanzado nuevas cotas».   En efecto, no pasa una semana sin frase impactante o propuesta emblemática, «siempre en la misma dirección, hacia más restricciones», resumió Scott Blinder, director del observatorio sobre inmigración de la Universidad de Oxford.

El momento álgido se dio con el cambio del año, cuando se levantaron las restricciones para que los rumanos y los búlgaros pudieran trabajar en toda la Unión Europea.   Una legión de periodistas y dos parlamentarios fueron a a esperar al aeropuerto londinense de Luton el primer avión de 2014 procedente de Rumanía y sólo encontraron a una persona que venía a buscar trabajo, Victor Spirescu, que se convirtió en una celebridad y que aseguró que estaba aquí «para trabajar y no para robar».

La «invasión» solitaria de Spirescu no templó los ánimos de una prensa que siguió con las portadas hostiles a la inmigración, ni a la opinión pública: un 77% se pronunció por reducir la inmigración y un 56% por reducirla «mucho», según un sondeo del instituto NatCen.   La clase política, «acorralada y a remolque de la opinión pública», según Scott Blinder, retomó su ofensiva, empezando por el gobierno del primer ministro conservador David Cameron, que había impuesto que el saldo neto de inmigrantes -los que llegan menos los que se van- se redujera por debajo de los 100.000 anuales antes de 2015.   En 2013 ya había anunciado restricciones a los visados para estudiantes y al acceso al sistema gratuito de sanidad, y lanzó una campaña pidiendo a los inmigrantes irregulares que se fueran a su casa.

Más recientemente, se volvió hacia los inmigrantes de la Unión Europea con los papeles en regla, a los que decidió retirarles ciertas ayudas públicas si cobraban la del desempleo (los europeos pueden recibir el subsididio del desempleo habiendo trabajado un mes).   Según documentos filtrados a la prensa, la ministra de Interior, Theresa May, está pensando en limitar el número de europeos que admiten en el territorio, un proyecto contrario a las leyes europeas.

La idea que subyace es siempre la misma: luchar contra los supuestos estragos del «turismo de las ayudas públicas», aun si el sistema social británico «no es necesariamente más generoso que el de muchos otros países», como recordó el comisario europeo de Asuntos Sociales, Laszlo Andor.   Los proyectos de los conservadores no han motivado una respuesta de la oposición laborista, centrada como está en fortalecer su discurso proponiendo, por ejemplo, que se someta a pruebas de aptitud a los inmigrantes sin trabajo.   Su antiguo ministro de Relaciones Exteriores, Jack Straw, llegó a calificar de «error espectacular» la apertura de las fronteras en 2004 a húngaros y polacos.   «El laborismo tiene terror de ser acusado de demasiado blando y de no actuar en favor de los intereses del país. Y ello supone un problema, porque impide que surja un discurso alternativo», explicó Andrew Blick.

¿El resultado? «Los pro-inmigración son inaudibles hoy en día», aseguró Scott Blinder.   Sin embargo, una serie de estudios publicados recientemente les proporcionarían buenos argumentos. Porque demuestran en general que los inmigrantes, vengan o no de Europa, aportan a las arcas públicas británicas más de lo que reciben y son menos proclives a solicitar ayudas sociales que los británicos.

«En consecuencia, las acusaciones de ‘turismo de las ayudas sociales’ aparecen totalmente desconectadas de la realidad», afirmó el profesor Christian Dustmann, coautor de uno de esos estudios para la universidad College London.   «Pero eso no parece interesar a nadie», terció Andrew Blick, que acusa a los políticos de «insistir en un problema que no existe verdaderamente», bajo la presión de un partido pujante: el United Kingdom Independence Party (UKIP, Partido de la Independencia del Reino Unido), antieuropeo y anti-inmigración.

«Credo para presionar al Partido Conservador», según Blick, este partido populista liderado por Nigel Farage logró un resultado espectacular en las elecciones locales de primavera (boreal) de 2013 y promete «un terremoto» en las europeas.   «Si se habla tanto de inmigración, es en primer lugar a causa del UKIP», subrayó Blick. Para neutralizarlo, los conservadores se apoderan de ciertos de sus temas favoritos. Cuando son ellos, esa es la ironía, los que militaban hace unos años por la ampliación de la Unión Europea hacia el

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