Opinión

El deterioro moral

El deterioro moral

Si en el país no hubiera dominicanos que todavía creemos en un mejor futuro, hace tiempo que habríamos perdido la capacidad de asombro. Hoy día nada nos sorprende, pues cada vez más surgen signos ominosos tan repetidos que generalmente se aceptan como “normales”.

La nación parece estar inmersa en una vorágine de engaños, delincuencia común y de cuello blanco, pero además donde lo único que se impone es el dinero, junto al miedo, gracias a los cuales se explican situaciones que de otro modo no ocurrirían.

El deterioro moral que nos arropa invalida las acciones nobles, tornándolas inservibles, cuando no obsoletas en una sociedad cuyos integrantes están sumidos en el cansancio por la repetitividad de tantas desvergüenzas.

Los ejemplos sobran: pocos creen en la palabra empeñada; los ciudadanos considerados serios son tildados de tontos, por no decir otra cosa: en las escuelas, lo que hay son simples maestros, no educadores; las calles están inundadas de delincuentes que obtienen fácilmente su libertad mediante diversas formas; algunos jueces se auto-descalifican moralmente al dictar sentencias ajenas al más común de los sentidos; crece el tráfico de drogas, de armas y de blancas, vulgo prostitutas, convirtiendo al país en un lugar vergonzoso donde todo lo ilícito parece estar permitido, y paro de contar. ¿Cómo es posible que personas con amplios prontuarios delictivos ingresen a nuestras instituciones armadas, sin que se apliquen controles? ¿Cómo se explica que criminales convictos y confesos salgan con tanta facilidad de las cárceles, mientras cualquiera que se haya robado una gallina se pudre en ellas?

Uno se pregunta también sobre las razones que tendrán algunos funcionarios para decir o callar ciertas cosas, especialmente esto último, como si tuvieran un miedo aterrador, solo prevaleciente en los regímenes totalitarios. ¿Cuál es la explicación de ese miedo, que los lleva incluso a mentir o a  no cumplir eficientemente sus funciones frente a la sociedad que dicen representar?

Esas inmoralidades, que estremecen la conciencia de los hombres y mujeres sensibles que respetan las leyes y las buenas costumbres, es sumamente peligrosa para el país, por cuanto la gente común las ve como toleradas por un sistema que en lugar de mejorar, empeora.

Es probable que por tal razón la gente haya perdido la credibilidad en las instituciones, públicas e incluso privadas, pero además en los partidos políticos que se envuelven en rebatiñas y asuntos bizantinos, sin plantear y ponerse de acuerdo para solucionar los problemas existentes. Sectores de nuestra sociedad, escandalizados por tanto latrocinio, pierden la ecuanimidad al juzgar hechos del pasado, apelando a la necedad de “un hombre fuerte”, una especie de Mecías, un “iluminado” que ponga fin al desorden.

Es por eso que no resulta extraño, aunque sí repudiable, que en una reciente encuesta radial cincuenta ciudadanos contra diez consideraron que en el país hace falta el mal llamado Perínclito de San Cristóbal, que pisoteó, humilló y sojuzgó al pueblo dominicano durante más de 31 años, mediante una horrorosa tiranía que hoy día es símbolo mundial del terror organizado, solo comparable al desatado por Hitler o Stalin.

andor314@yahoo.com

El Nacional

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