Opinión

El espejo de Honduras

El espejo de Honduras

Honduras confirma que el poder en nuestros países es peor que una oligarquía tradicional, que un generalato a la antigua, que una partidocracia privilegiada, que una jerarquía católica conservadora y unas transnacionales saqueadoras.

Es todo esto, potenciado y envilecido: una mafia depredadora y reaccionaria.

Esa que ya exhibió su rostro verdadero en Venezuela y Bolivia y está igual tesitura en Ecuador.

Racista. Fundamentalista. Tramposa. Cruel. Criminal. Mentirosa. Ladrona .Intolerante, despótica e hipócrita. Aferrada a un sistema constitucional cerrado, atrasado, que le posibilita secuestrar y degradar la democracia.

Resistente hasta lo brutal frente a lo que pueda abrirle camino a una asamblea constituyente con posibilidad de cambiar la institucionalidad decadente.

Ese fue el detonante de su gran ira contra Zelaya en Honduras. De su asalto a la casa presidencial y su golpe de Estado.

De la usurpación del único poder estatal fuera de su feudo.

De la militarización del país, corte de la energía eléctrica y comunicaciones, redadas selectivas, ametrallamientos y torturas

Es una “claque” terriblemente celosa de sus controles, fortunas y privilegios robados. Por eso cuando la pellizcan procede como monstruo desalmado.

Y no esperemos que sea de otra manera en otros países. 

La de aquí, aunque por ahora lo disimule, es también de la misma calaña. Observen nuestra partidocracia, la facción inescrupulosa del empresariado, la parte cínica de la cúpula eclesiástica, el Congreso Nacional, la Cámara de Cuentas, la JCE, el sistema judicial y una parte considerable del generalato.

Las coincidencias del Conep con la Fedecámara venezolana.

La depredación de nuestros recursos naturales, el artículo 30, los Haitises, la Sun Land, Renove,  Peme, la matanza de Paya-Baní, la criminalidad policial, el caso Quirino…

Esto indica que aquí la bestial reacción a la hondureña está latente, sólo que no es necesaria mientras gobiernen los Leonel, Hipólito, Miguel Vargas u otros parecidos. Porque con ellos esa “claque” nefasta puede tener escarceos menores, discrepancias y competencias, pero siempre dentro de una identidad esencial.

Otra cosa sería si a esta isla llegara la aurora de los cambios que recorren nuestra América, esa que ha tocado para bien el corazón del presidente Zelaya, enfrentándolo a todas las instituciones decadentes de su país.

El Nacional

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