El éxito de las alianzas políticas



La memoria histórica de los dirigentes y los pueblos está presente en cada coyuntura política, a menos que no se tenga tal memoria ni sus enseñanzas.

Desde tiempos inmemoriales la unidad política ha sido aconsejable frente a situaciones difíciles; a veces al margen de los principios, pues en la actividad política no solo hay que guiar las actuaciones con criterios éticos, por igual hay que saber leer el momento y tener sentido de la oportunidad histórica.

Lenin pactó con los alemanes, los enemigos en guerra de su país y consiguió ser transportado en un tren germánico y llegó a Rusia, con lo cual pudo dirigir la primera revolución proletaria triunfante de la historia.

Duarte era portador de un nacionalismo radical frente a todo tipo de genuflexión a los grupos dirigentes conservadores y anexionistas, no obstante, pactó con ellos y eso hizo factible el triunfo liberal de febrero de 1844.

Bosch era antiimperialista y, aun así, en 1972 dirigió una campaña internacional contra las prácticas terroristas del gobierno de Balaguer que ejecutaba La Banda y para ello envió al doctor José Francisco Peña Gómez a Washington a sacarle provecho a las relaciones de este con los liberales del Partido Demócrata. Esos dirigentes han sabido leer el momento y actuaron como demandaba la circunstancia, aunque no fueron entendidos o apoyados por muchos.

Cuando todo parecía indicar que “no había quién sacara a Balaguer del poder” en 1978, Peña Gómez articuló una alianza política amplísima al formar El Acuerdo de Santiago, que llevó a Antonio Guzmán como candidato presidencial y a su enemigo histórico, el exgeneral Elías Wessin y Wessin como candidato a la vicepresidencia en 1974.

Esa estrategia política saco de la clandestinidad al Movimiento Popular Dominicano (MPD) y lo llevó a actuar en los escenarios que se abrieron y pudo exponer sus posiciones abiertamente, y sobre todo, ser agente movilizador eficaz, junto a los demás integrantes del acuerdo. No se derrotó a Balaguer, pero se demostró lo certero de la visión de Peña Gómez y al repetirse en 1978, sí se sacó a Balaguer del Poder.
En 1996, Bosch y el PLD llevaron a efecto una alianza política con su contrincante Joaquín Balaguer y alcanzaron el Poder.

Dado que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) degeneró en el ejercicio del poder, abdicó de todos sus principios fundacionales y devino en corporación político-económica gansteril; las voces más sensatas del país, identifican el momento político actual como aconsejable para efectuar la más amplia unidad político-programática y enfrentar al PLD para sacarlo del poder; pero algunos dirigentes se empecinan en ignorar las enseñanzas de la historia y piensan que se puede derrotar la maquinaria del Estado sin unidad y hasta suponen que pueden ganar solos; otros desdeñan la unidad porque no se juntan con todo el mundo y abundan los que simplemente no comprenden el momento político y su gravedad, y por tanto no entienden ni priorizan que hay que frenar el deterioro de la nación, para lo cual hay que llegar al Poder y relanzar al país por senderos de institucionalidad, como primera tarea.

La falta de conciencia histórica de algunos líderes y dirigentes puede ser fatal si logran bloquear el necesario proceso de unidad de todos para sacar la más corrupta maquinaria que haya conocido la historia nacional del poder.

Pero no se trata de cualquier unidad, esta debe ser programática. Especificar contenidos de la labor a ejecutar desde el Estado, pues en eso no es factible dejar a la confiabilidad de fulano el que se apliquen las medidas y se cumplan los acuerdos; hay que comprometerse con un programa mínimo.

Los programas no tienen por qué ser fetiches, donde se coloquen listas interminables de demandas. El país tiene científicos aptos para seleccionar los 9 o 10 temas prioritarios que de aplicarse rompan los nudos que bloquean la institucionalidad e impiden el funcionamiento democrático de la nación.

De la misma manera que para comprometer a los candidatos que terciaban en las elecciones de 2012 un grupo de diligentes ciudadanos se reunió y convocó a firmar un pacto que los conminaba a asignar el 4% del presupuesto a la educación si ganaban; así mismo debe convocarse a un acuerdo programático para que los opositores lo asuman, sean quienes sean los candidatos.

Hay que conminar a los actores políticos a la unidad y evidenciar a los que respondan, a los que la saboteen y a los que se vendan. No hay más salida que esa amplia unidad programática. Unidad de acción con Acuerdo programático es el camino para salvar la nación.
El autor es historiador