La palabra F.U.C.K se usa desde el año 1500. Proviene de la época medieval cuando los señores feudales tenían derecho de pernada. Tras haber hecho uso de el o haber renunciado, consentían en las relaciones entre las parejas. La palabra es de origen anglosajón y de no tanto poder ofensivo en sus principios (golpear, penetrar) hasta derivar en un significado o expresión mucho más vulgar y agresiva en nuestros días.
En Inglaterra no podían tener relaciones sin consentimiento del rey y si querían tener hijos tenían que ir con el rey y pedirle permiso para tener relaciones y si les otorgaba el permiso. Les daba una placa que decía «Fornication Under the Consent of the King» – fornicación con el consentimiento del rey – que debían de poner en la puerta mientras tenían sexo y de ahí la palabra F.U.C.K.
Posteriormente y frente a los problemas financieros de la Corona, sobre todo por el excesivo gasto de las guerras, se le ocurrió a uno de los consejeros reales, ponerle un impuesto al sexo y de esa manera subir las recaudaciones. En principio se creyó que no daría resultado. Sin embargo, las recaudaciones aumentaron, pues la fórmula fue sencilla: Todos los ciudadanos debían declarar cada mañana si habían hecho el amor y cuántas veces y debían pagar un tributo relacionado con dicha actividad. Lo curioso del asunto fue que los más viejos e impotentes se les veía hacer filas y declarar insólitamente haber tenido más de un coito.
En nuestro país actualmente, el impuesto al sexo lo cobran los ayuntamientos, no por los números de coitos, sino por las cantidades de habitaciones que poseen los hoteles y moteles, importando poco si las mismas sirvieron para dormir o para tener relaciones sexuales.
No está demás, en momentos en que se habla de hacer reformas fiscales, tener en cuenta la experiencia de Inglaterra, pues sería el único impuesto que todos pagaríamos con mucho y más gusto.
