¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

Nueva vida para Luisa

La señora Luisa tenía tantos quebrantos de salud, tantos años de vida, y tantas veces había sido internada, que ya su familia, sin que se atrevieran a reconocerlo, deseaban que llegara su hora final.

Su hija mayor estaba desgastada de atenderla, sus nietos cansados de estar solos cuando sus padres cada noche debían amanecer atendiendo a la abuela. Y los demás hijos, en total 7, los mismos que antes adoraban la envejeciente y la mimaban pidiendo a Dios que les durara muchos años, ya no tenían tiempo de atenderla.

De repente al pasar los años, todo el mundo estaba ocupado, todos corrían de un lugar a otro, sin tiempo para besar la frente de aquella vieja que tanto los besó.

Y, lo peor de todo…cada uno estaba fastidiado de ir a aquella casa que los vio crecer y se había deteriorado taaaanto, como la salud de la buena de la vieja Luisa.

La casa de aquella abuela, era antes la más visitada, pero de manera lenta, sin que nadie se diera cuenta, se quedó casi vacía de comodidades, muchos decían que sus mismos hijos cargaron poco a poco con los trastes, el dinerito guardado, las sábanas y casi todo lo que había, como una manera de entender que ella, en su etapa, ya no necesitaría de nada.

Y mientras, aquel viejo roble, pasaba de una etapa a otra. Dejó de caminar de prisa, para poner lentos sus pasos y jorobar su espalda. Su cuerpo pequeño, ahora lo era más todavía, su pelo completamente blanco, llegaba casi a su cintura en una larga cola que nadie se atrevía a cortar.

Y sus ojos, se habían vuelto tristes, muy tristes con el paso de los años. Miraba como quien deseaba hacer las cosas que ya no podía, como quien no se adaptaba al momento que le tocaba vivir. Mientras ellos querían que durmiera eternamente, ella deseaba talvez una nueva oportunidad para vivir.

A veces miraba con angustía, sin que supiera expresar lo que pasaba por su mente, o como quien prefiere callarlo. Ya no dormía por las noches, y al apagarse las luces, brillaban sus grandes ojos en la oscuridad.

Un día en la mañana, se supo que la vieja Luisa, en paz y tranquila, había cerrado los ojos para siempre. Su cara-dicen- reflejaba una gran paz, y sus labios parecían dibujar una sonrisa. Era el momento de vivir, en otra vida.

El Nacional

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