¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

Entendiendo a Lidia

Mientras mi hermana estaba dentro del hospital con dolores de parto, mi madre y hermanas estábamos fuera, en el parqueo, nadie podía acompañarla, ni nadie informaba de su estado en la Maternidad La Altagracia. Junto a nosotros había unas 30 personas en la misma condición, hasta que una enfermera se “condolió” y buscó la solución al caso: si cada uno le dábamos 50 pesos, ella haría una lista de las pacientes y nos daría respuestas. Sacó un cuadernito, anotó los nombres y cobró su cuota. Casi a las 11:00 de la noche, salió, mencionó cada nombre anotado y dijo: Carmen: parió, Luz: tiene dolores, Margarita: está en sala de parto y así sucesivamente.

Una hora después, para saber nuevamente de nuestras parturientas, la enfermera salió, cobró de nuevo e hizo la diligencia. Por eso me duele el alma lo que pasó Lidia Mora, porque cuando la vi llorar como loca en el parqueo del hospital, contando que luego de un parto tortuoso la sentaron en una silla y recorrieron con ella el hospital en busca de una cama que no apareció hasta que pagó 400 pesos, vi el episodio de mi hermana.

No me extraña tampoco que las autoridades del hospital digan que no es cierto, lo raro es que aquí la gente asuma su error y trate de cambiar las cosas a nuestro favor. Es que no les importa.

Lidia está traumada y como si hubiera perdido la razón, solo repite una y otra vez cómo perdió a su pequeñito, luego de que su médico (porque tiene su seguro médico), le recomendara que porque tenía la presión alta, con ocho meses de embarazo, debía hacerse el parto en este hospital, donde cuidarían mejor su bebé.

Y fue allí, donde luego de puyarle la espalda varias veces en busca del sitio adecuado para anestesiarla, escuchó en plena labor de parto los médicos discutir sobre quién había llamado el pediatra que nunca llegó. También allí donde su hijo nació delicado, mejoró y de repente, cuando le iban a dar el alta lo llenaron de tubos porque había cogido una bacteria.

Allí es donde existe una tortuosa lista que es la que te dice, cuando ves tu nombre, si tu bebé está allí, porque no hay seres humanos que te lo informen. A las recién paridas en esta condición se les va la vida buscándose de lista en lista en diferentes plantas del hospital, temiendo no aparecer, porque esto significa que su bebé está muerto. Lidia un día no apareció en las listas, murió su pequeñito, está con Dios y ella encontrará la paz, ahora solo faltan más voces.

El Nacional

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