¿Qué Pasa?

El  lado bueno

El  lado bueno

Eran las doce de la noche cuando comenzó a desesperarse y rodó la alta banqueta para quedarse fija mirando a través de la ventana de su pequeña casa.

Las horas pasaron y marido no llegaba, ella, inquieta se paraba una y otra vez para luego regresar de nuevo a la banqueta, mientras con la cara pegada a la ventana parecía rezar su más profunda oración para que la divinidad lo apareciera en la oscura calle…pero miraba y solo veía la misma oscuridad. Le dio sed, se paró de nuevo y tomó agua, pero al rato la sed no calmaba y optó por dejar un vaso bien lleno cerca de ella y aquella ventana. No entendía porque él le hacía eso. Con apenas dos años de matrimonio y su vida estaba atada cada noche a aquella ventana de la que no podía despegarse hasta no verlo llegar sano y salvo a la casa.

De repente comenzó aquella picazón, primero despacio, luego colmando todo su cuerpo. No podía dejar de rascarse una y otra…y otra vez, hasta dejarse roja la carne, por la desesperación. A las mujeres nos pican las largas esperas. La 1, las 2, las 3…y lo alcanzó a verdando tropiezos en la calle, caminando despacio. Tocó la puerta, ella le abrió y sintió como su cuerpo, cual bulto pesado cayó sobre ella desfallecido y oliendo a alcohol. Apenas lo pudo sentar en una silla, vio sus  ojos que miraban sin rumbo, mientras ella perdía las esperanzas de verlo cambiar. Era así cada noche, entre caminatas, sentadas en la banqueta, grandes sorbos de agua para calmar una extraña sed y la picazón insoportable.

Pensó y lo miró de frente y sintiendo que era la despedida, “se quitó la piel” y no esperó más. Se fue…

El Nacional

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