El lado sombrío de la propuesta para legalizar la marihuana en RD



No leí en ninguno de los diarios que el doctor José Joaquín Puello dijera que debía “despenalizarse” la venta de la marihuana en nuestro país, sin embargo, en base a esa opinión, se han generado otras opiniones y comentarios de medios, de psiquiatras y de representantes de instituciones que trabajan con gente atrapada en adicciones a drogas ilícitas, lo que trajo un gran revuelo, dada la consideración social y profesional de que disfruta el reputado médico.

Entonces, lo que voy a exponer sobre el porqué resultaría desafortunado que la población pudiera comprar mariguana libremente en farmacias, al pregón, en supermercados, colmados y ventorrillos, tiene como punto de partida aquella opinión atribuida al doctor Puello.

En la ciencia política se dice que cuando se quiera afrontar los perjuicios de la concentración de poder, lo correcto no es armar conspiraciones que lo aniquilen, sino negociar progresivos contrapesos hasta que su influencia y visibilidad queden vaporizadas.

Bueno, pues con el poder de atracción y adicción que ejerce la marihuana sobre millones de adolescentes y adultos jóvenes y hasta en viejos, no es posible negociar un contrapeso, como sería la legalización de su venta, como intento de reducir las graves consecuencias sociales y familiares que genera su ilegal comercio, como desde el 1995 una corriente de opinión mercantilista está proponiendo en Estados Unidos de América y Europa, porque la adicción a la hoja del cannabis (marihuana) como a la resina del tallo de la misma planta (hachís), causa perjuicios orgánicos, cognitivos y conductuales graves que no pueden ignorarse.

Basarse en la opinión de algunos usuarios que han informado que los fuertes dolores del cáncer o de la artritis que padecían, disminuyeron de intensidad después de fumar mariguana o hachís por meses, no es un argumento de peso para su libre venta por esa supuesta propiedad medicinal ya que ningún estudio observacional tipo cohorte ni mucho menos un estudio adecuadamente diseñado y controlado, se ha llevado a cabo para confirmar lo que dicen esos pocos usuarios.

Sin duda que la droga ilegal más consumida pero a la vez más estudiada, social y farmacológicamente, ha sido la mariguana debido a sus efectos psicológicos (o cognitivos), conductuales (empuja hacia la delincuencia) y físicos.

El usuario experimenta relajación corporal, sensación de bienestar y de mayor disposición para la sociabilidad, euforia y creencia de que su actividad sexual se eleva; también la mariguana causa letargo, disminución de la voluntad, aumento del apetito y pérdida de la motivación.

Además, causa alucinaciones visuales, temeridad cuando se conduce un vehículo, disminución de la
capacidad de tolerancia ante cualquier situación de riña, ojos enrojecidos, elevación de la presión arterial, reducción de la capacidad vital pulmonar, bronquitis crónica, aumento del riesgo de padecer cáncer pulmonar, reducción en la producción y movilidad de los espermatozoides en el varón y trastorno de la ovulación en la hembra reduciendo así la fertilidad en ambos.

Pero el daño más grave que provoca el uso de mariguana ocurre a nivel de las facultades cognitivas del usuario.

Resulta que el tetrahidrocanabinol (THC), principio activo de la hoja y de la resina de la planta cannabis, ejerce sus efectos a nivel de los llamados “receptores canabinoides (CB-1)”, localizados en dos zonas del cerebro, próximas una de la otra, productoras de dopamina llamadas núcleo acumbens y área tegmental ventral que están estrechamente conectadas con la corteza cerebral frontal y prefrontal, con el sistema mesolímbico y con el hipocampo.

¿Qué dignifica todo eso? Pues que si la corteza cerebral frontal y prefrontal, zona donde se localiza la capacidad de pensar y razonar humana, están afectadas por el THC que contiene la mariguana, la formulación y el contenido de los pensamientos se trastorna, razón por la cual el “marihuanero” reduce su capacidad imaginativa y de toma de decisiones, y restringe su vocabulario a un lenguaje estereotipado, breve y con frecuencia insustancial.

Además, dado que el sistema límbico está implicado en nuestras emociones y también con el bulbo olfatorio, es común que bajo el efecto de la mariguana el usuario tenga emociones extrañas y perciba olores extraños en un ambiente ajeno a un olor particular.

Por ejemplo, en mi consulta profesional (Terapeuta familiar) escucho de vez en cuando algún adicto a la mariguana decirme que lo que más le molesta es sentir ese “bajo a cacá” que no se despega de sus narices.

Por otra parte, como el hipocampo es la zona del cerebro asiento de la memoria, y el área prefrontal es la responsable de la atención y ambas son afectadas por la marihuana, lo más común es que el adicto a esta droga tenga problemas de memoria y una gran dificultad para prestar atención a lectura o una tarea ejecutiva.

Aquí residen los tropiezos del joven “marihuanero” que curse el bachillerato o una carrera universitaria: memoria deficiente y pésima capacidad de atención y concentración para seguir tareas intelectivas.

Los nocivos

Como son terriblemente nocivos los efectos de la marihuana sobre la vida emocional, cognitiva, orgánica y conductual de los usuarios, delincuencia aparte, lo sensato y aconsejable es negarle carta de uso legal y comercial a pesar de que algunos digan que tiene utilidad.