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El narco y los partidos

El narco y los partidos

Luis Pérez Casanova

Desde que el discurso fue barrido por la crisis de valores que impuso el dinero como verdadero capitán en los procesos electorales se abrió la puerta de par a los recursos mal habidos para ocupar su espacio en un juego que controlaba y manipulaba a su antojo el capital tradicional.

Ante el poder avasallante de esa plata que pone a bailar el mono, partidos, líderes y candidatos abandonaron las propuestas y esa retórica bien hilvanada que encandilaba a las masas populares. Con el discurrir del tiempo es lógico que los métodos proselitistas tenían cambiar, aquí y en todas partes, aunque algunas prácticas del pasado no hayan sido superada todavía en su totalidad.

La penetración del narco en los partidos es grave, pero más lo es que bajo la prédica de que en la lucha por el poder no importan los medios, las organizaciones se lo hayan permitido e incluso que lo sentaran a la mesa. El gran problema de ese escándalo que hoy nos sonroja no solo viene de viejo, sino que ha sido aupado por la corrupción del sistema. Son muchas las fortunas no transparentadas, amasadas por políticos que cuando fueron electos o designados en cargos no tenían ni en qué caerse muertos.

Para hacer más dolorosa la bofetada y tronchar más el deseo de superación de las nuevas generaciones esa riqueza suele presentarse como ejemplo de progreso y bienestar. Una manera de legitimarla, en lugar de perseguirla. En su complicidad con una práctica deshonrosa se llegó a aceptar que el candidato que no repartía dinero estaba listo y servido.

En la entrada del narco en la política se ha preferido uno de los caminos más fáciles: el del voto preferencial. No se puede descartar que el método de elección propicie la apertura de algún orificio para colarse, pero la verdadera causa está en unos partidos que no depuran a sus candidatos, en unas instituciones que no cumplen con sus funciones y en un sistema infectado por la corrupción.

Además de esa riqueza difícil de justificar representada por fortunas y estilos de vida basta con un simple inventario de presuntos capos que han gozado de la protección de autoridades civiles y militares. Ahí está el caso de César Emilio Peralta Adames (César el Abusador), al menos según un informe de la DEA.

La Operación Falcón, que vincula a un funcionario y diputados del PRM con el narcotráfico y el lavado de activos, es otro eslabón de una cadena que compromete a partidos y muchísimas personas que están o han estado en el poder, con la narcopolítica, pero también con la corrupción que ha incidido en la descomposición que sacude a la sociedad dominicana. Es la secuela de abjurar del discurso para privilegiar o prestigiar el dinero en las campañas electorales.

Por: Luis Pérez Casanova

l.casanova@elnacional.com.do

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