POR: Dantes Ortiz Núñez
Parte uno
En los últimos 30 años del siglo XIX, Estados Unidos fue un país con crecimiento acelerado por su población y alto número de inmigrantes, alta producción de acero, electricidad, fomento de la agricultura industrializada, actividades bancarias, transporte, exportaciones, gran división social del trabajo, crecimiento extraordinario de las artes, la cultura, la educación, la industria ligera y pesada y participación creciente en el mercado mundial. Estaba como séptima potencia, pero su dinámica interna y los proyectos políticos de largo alcance de su clase dirigente la proyectaban como potencia mundial y logró salir de la primera Guerra Mundial (1914-18) como tal.
Todo el tiempo la clase política norteamericana ha tenido objetivos hegemónicos mundiales y ha trabajado para lograrlo, sin importar los medios. Primero fue la Doctrina Monroe en 1823, que devino en política oficial en la década del 40 del siglo XIX y guió su accionar diplomático, productivo y político-militar hasta finalizar el siglo; después de la guerra hispano-cubano-norteamericana de 1898, la ocupación de Panamá y la Enmienda Platt en 1903, fue remozada teóricamente por el corolario Roosevelt en 1904, sirviendo de brújula en su accionar como país imperialista en desarrollo.
En los primeros años del siglo XX acentúo su expansionismo en el Caribe y Centroamérica, definidos como su tercera frontera (luego de Canadá y México), al tiempo que gravitaba en África a favor de las compañías petroleras, disputándole espacios a los imperialismos europeos, ( Alemania, Francia, Inglaterra, Bélgica, Italia y Holanda) y teniendo presencia en la parte norte después de la disolución del imperio otomano.
Para 1918, se plantearon los catorce puntos de Woodrow Wilson que definían la necesidad de un Nuevo Orden Mundial, pues ya EEUU tenía los recursos, la población, las instituciones, la fuerza militar y económica y era la capital financiera del mundo, además de una agresiva diplomacia, condición sine qua non para plantearse dirigir el mundo.
En 1919 en la Conferencia de Paz de Paris, tras el fina l de la guerra, se crea la Sociedad de Naciones a instancia de EEUU, y la instrumentara a su favor en alianza con Gran Bretaña, (Alianza Atlántica) para gravitar en el escenario mundial, misma que permanece aun para cuestiones estratégicas.
En 1929 se produce la gran crisis que estremeció al mundo capitalista, desatando terribles dictaduras en América latina como salvaguarda de los intereses de los capitalistas agroexportadores, prestamistas e importadores. La solución de la crisis se profundizó y amenazaba con hundir el sistema, por lo que sólo una guerra podía superarla.
En 1932 se efectúa la Conferencia de Ottawa donde sobresale la discusión de la cuestión colonial, específicamente sobre las controladas por los ingleses y se oficializa la comunidad de países de habla inglesa, se perfeccionan las prácticas neocolonialistas que encubren la expoliación económico-financiera, como nuevo método de control contra los territorios periféricos.
Entre 1935 al 39, se alentó al nazismo para que prosiguiera sus operativos expansionistas y anticomunistas contra la Unión Soviética y no se hizo nada para frenar la ocupación de Austria, Checoslovaquia ni Polonia, creando expectativas con esos avances hitlerianos.

