Opinión

El nuncio de Nigeria

El nuncio  de Nigeria

Recuerdo haber visto en Cuba a un sexteto de músicos clásicos habaneros. Eran los mejores de su clase y tenían como compromiso ir a los barrios más duros de La Habana a montar conciertos públicos. Eran barrios donde abundaba la juventud negra. Recuerdo que iniciaban con la música del momento: Rap, Hip Hop, Salsa y poco a poco, gradualmente, pasaban a los clásicos. Y recuerdo el asombrado interes de la juventud porque quienes tocaban eran como ellos.

Conversando con Abel Prieto, este me contaba que esos conciertos eran una manera de mostrarle a esa juventud que ellos podían hacer lo mismo, y que ser negros no era un hándicap para la música clásica. Los resultados del programa han sido asombrosos.

Creo que a la juventud negra de este país debe asombrarle que el nuevo Nuncio de la Santa Sede, Mons. Jude Thaddeus Okolo, sea un africano de Nigeria, relativamente joven, que habla español, ingles, francés, italiano, alemán y checo y tiene un Doctorado en Derecho Canónico, además de una vasta experiencia diplomática.

No había tenido tiempo para darle la bienvenida a este Nuncio, que no tiene otro castillo que el de su moral y otra aristocracia que el de su espíritu, y que estoy segura no andará disfrazado de gringo acosando sexualmente a la niñez de la Zona Colonial.

Lo recibo con versos de Wole Soyika, primer poeta africano, de Nigeria, y primer negro en recibir el Premio Nobel de Literatura, de un poema que se llama PLUMAS A SUELDO, que habla por si solo:

“…La pluma consagra y la pluma desenmascara las mentiras de las vanas Teologías; la pluma entroniza los reclamos mohosos del Poder, y recomienda como de origen divino espacios diputados.

La pluma resulta ser poderoso oído de las espadas, lengua que glorifica hechos sangrientos, que viste de fama, la violación, revestida con túnicas venerables de épicas hazañas. La pluma puede hundirse en el tintero y salir goteando sangre.

Muéstrenme las camas de agua en que se acuestan. Saquen el tapón y pregúntense por que el flujo es rojo oscuro y espeso, y con grumos. Eternamente.

Todos inmunizados contra el testamento de los ojos, y los oídos, el hedor y la culpa del Poder. Y la armonía de la lluvia que se vuelve roja, de plagas, de langostas. La muerte de los primogénitos, los siete años de escasez y otra vez de nuevo el octavo y luego la secuencia circular de la muerte y la carencia. Una promesa no ganada o dada. No es para que la rediman los mortales, pero Dios decreto que el fin multiplicaría los medios. Construida en la espera nuestra pluma escribe”.

Y, escuche usted un clamor que se origina en las barriadas, en los campos y dice: ¡BIENVENIDO!

Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com

El Nacional

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