¿Somos un mono con suerte? ¿O somos hijos de Dios? ¿Cuál es el sentido de la existencia humana? ¿Desaparecerá alguna vez la humanidad?
La capacidad de formularse preguntas como éstas y de elaborar respuestas racionales, es una de las características que nos singulariza frente a los animales, y nos convierte en únicos en toda la realidad física. Charles Darwin siempre insistió en su libro Teorías de las especies que el origen del hombre debería estar en Africa, pues era allí donde convivían los humanos con las morfologías más parecidas a la de los grandes simios. Además, por increíble que pueda parecer, el papel de los prejuicios también tenía su peso: ¿cómo aceptar que el origen de la humanidad estaba en Africa y no en Europa?
Durante la década de los noventa en España se produjeron descubrimientos muy importantes. Uno de los que merece mayor atención es la propuesta de una nueva especie humana, por parte del equipo de Atapuerca.
En efecto: el 8 de julio de 1994, la paleontóloga Aurora Martín descubrió un diente humano en el yacimiento de la Gran Dolina (desde entonces el lugar en el que apareció se llama Estrato Aurora).
El diente tenía una antigüedad que rondaba los 800.000 años y era, por entontes, el resto humano más antiguo hallado en Europa. Aquella mañana, en medio de una gran excitación, aparecieron más fósiles humanos pertenecientes a un número mínimo de seis individuos.
Dos murieron con tres o cuatro años. Otro lo hizo cuando tenía entre 9 y 11. Otro tendría unos 13 o 14 años y dos tenían menos de 20 años en el momento de su óbito.
Pero… ¿Cuál fue la causa de su muerte? Atapuerca guardaba una gran sorpresa: las marcas de origen antrópico (es decir: provocadas por otros humanos) que aparecían en sus huesos sugerían que eran las víctimas de un holocausto caníbal, el más conocido hasta la fecha.
¿Por qué se los comieron? ¿Lo hicieron por motivos «religioso», por ejemplo, para conservar en ellos a sus espíritus? ¿O más bien se trató de un acto de antropofagia por pura y simple hambruna? ¿O quizás fue por causas higiénicas, tales como evitar la descomposición de los cadáveres y de paso evitar que acudieran grandes predadores? Y… ¿Quiénes se los comieron? ¿Miembros de la misma especie o humanos de una especie distinta?
De momento no se pueden responder a todas las preguntas, pero el hecho de que estos huesos humanos fueran tratados del mismo modo que los demás animales (de hecho aparecieron mezclados entre ellos) apunta a la idea de que estos humanos fueron un alimento más en la dieta de quienes se los comieron.
Otros restos encontrados posteriormente fueron asignados a una nueva especie humana: Homo antecesor, cuyo origen estaría en África pues, siempre según la teoría de sus descubridores, procedería de allí al haber surgido a partir de Homo ergaster, pero este punto, clave en su genealogía, aún no ha sido confirmado empíricamente con el hallazgo de restos de Homo antecessor en Africa.
Lo que sí parece estar más sólidamente fundamentado es que estos antecessor serían los predecesores directos de los humanos hallados a pocos metros de la Gran Dolina: los Homo heidelberguensis; quienes, a su vez, habrían dado lugar a los neandertales.
El mismo año en el que se descubría Homo antecessor en España en Italia aparecía un cráneo humano de entre 800.000 y 900.000 años, en la provincia de Frosinone (89 km. al sudeste de Roma).
El descubrimiento se produjo durante unas obras en la carretera y el trabajo científico corrió a cargo del arqueólogo Italo Biddittu. La reconstrucción del cráneo duró un año. En un principio se le consideró un ejemplar de Homo erectus europeo, posteriormente se planteó la posibilidad de que fuera un antecesor; pero, finalmente, se le ha englobado en una especie nueva: Homo cepranensis. Como puede verse, a medida que se iban haciendo descubrimientos se proponían nuevas especies. Esto ha sido una constante en esta rama de la ciencia que ve como los investigadores se dividen entre los partidarios de nombrar muchas especies y los que son más bien de la idea de intentar hacer grupos más amplios que incluyan distintas formas representativas de una amplia variedad intraespecífica.

