Opinión

El valor del tiempo

El valor del tiempo

El lunes, primero de enero de 1900, comenzó un nuevo año y un nuevo siglo, el cual terminó el viernes 31 de diciembre del año 1999.

La noción del tiempo como expresión cultural, ha preocupado a los seres humanos a través de su historia. La edad biológica y la edad cronológica coinciden en el reloj biológico de los seres humanos y gravitan sobre su conducta cultural.

La edad biológica es una especie de Espada de Damocles que pende en el ser femenino cuando el tiempo de su envejecimiento biológico está patente en su vida. En el ser humano masculino es menos grave esta situación, pero se le debe prestar atención.

En la historia universal del ser humano, se pone como ejemplo como una expresión de que el tiempo que pasa no debe ser visto con la gravedad que muchos seres humanos lo ven, por ejemplo, Fray Luis de León o (1527 o 15281-1591), religioso, poeta y escritor español, quien estuvo preso por problemas de su fe, por el Poder Inquisitorial Eclesiástico, y siendo alejado de su catedral en la Universidad de Salamanca. Cuando fue liberado y regresó a la enseñanza en su universidad, cuatro años después, reanudó su catedral con estas palabras: “Decíamos ayer”.

El afamado cantor de tango argentino, Carlos Gardel (1883 o 1890-1935), gravó en su relativamente corta vida artística, un tango emblemático: “20 años no es nada”.

Posteriormente, diferentes autores publicaron trabajos periodísticos y obras con títulos como: “La vida comienza a los 70 años”, “La vida comienza a los 80 años” y hasta algunos expresaron que “La vida comienza a los 90 años”.

Sin embargo, la expresión “el tiempo es oro”, se podría interpretar como que cada porción de tiempo debe aprovecharse al máximo en la vida particular de cada ser humano.

La política que el patricio dominicano, Juan Pablo Duarte y Diez (1813-1876), definió como la ciencia más pura después de la filosofía, tiene que ser comprendida en la trama del factor tiempo.

Una década tiene 10 años; un siglo tiene 100; un año 12 meses y un siglo 1,200 meses; un año tiene 365 días y 100 años tienen 36,500 días.

Siguiendo la secuencia del transcurrir del tiempo, un día tiene 24 horas, que en 100 años se convierten 876,000 horas y, por último, los minutos, una hora tiene 60 minutos, un día 1,440 y un siglo, 52,560,000 minutos.

El cálculo anterior inútil, pero es realista. Cuando vamos al cine, si la función comienza a las 8:00 p.m. y han pasado 20 minutos de la hora señalada, nos desesperamos porque hay un retraso en la media de nuestro tiempo que es oro.

Cuando esperamos a una persona y se retrasa una hora, es decir, 60 minutos, también nos desesperamos, de ahí la expresión popular: “el que espera desespera”.

El Nacional

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