Escribir sobre política mexicana genera desasosiego.Una sensación que aumenta por la inmediatez de una elección (México votará por un nuevo presidente en julio), que presenta incertidumbre en el resultado.
En un país donde la vida se impone a los conceptos y en el que las razones de orden histórico son confusas para una mirada que proviene del exterior, sirve de ayuda remitirse a la lectura de sus escritores para interpretar la realidad. El periodismo, como saben, siempre está al borde de la literatura.
Octavio Paz, cuya relevancia como ensayista incluso sobrepasó su calidad poética, publicó en 1978 el artículo “El ogro filantrópico”. Texto en el que desarrolla, entre otros aspectos, una aproximación al que ha sido considerado el brazo político del Estado mexicano: el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
En su escrito sostiene una idea que esclarece la situación política de ayer y de hoy: “El descontento del pueblo mexicano no se ha expresado en formas políticas activas sino como abstención y escepticismo”. Y de algún modo, dicha valoración es una de las razones que permiten explicar porque el PRI ha dominado la política mexicana desde 1929.
La pregunta pertinente en el actual contexto podría reformularse en los siguientes términos: ¿La desmovilización o el desinterés volverán a ser las formas de materializar el rechazo a la dirección política? O, por el contrario, ¿Acertarán las encuestas que vaticinan un cambio de partido en el poder?
En este sentido, es preciso subrayar que una parte considerable de la sociedad piensa que ahora existe un cauce institucional para canalizar la oposición al establishment.
Esta ventana de oportunidad, sostienen, ha sido abierta por Andrés Manuel López Obrador, del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA).
Un líder político que ya fue candidato a presidente en otros procesos electorales y que desempeñó el cargo de Jefe de Gobierno del Distrito Federal.
López Obrador ha intentado capitalizar la rabia que experimenta una parte de la ciudadanía ante los altos niveles de corrupción e inseguridad, transformando la indignación en su programa. Tachado de populista por unos y admirado por otros, ha conseguido ocupar el centro del tablero político y todas las encuestas apuntan a una victoria segura.
Las otras opciones más claras de triunfo son José Antonio Meade (PRI) y Ricardo Anaya (Partido de Acción Nacional). Meade ha desempeñado durante los últimos años importantes responsabilidades de gestión pública y su biografía política junto a su formación académica le permiten dibujar un perfil tecnocrático.
La sensación de lejanía o cierta frialdad técnica, se ha intentado matizar por sus asesores con la difusión de comerciales en los que entabla conversación con personas representativas de distintas clases sociales. Para algunos es la opción que garantiza la tranquilidad de los mercados y ha jugado la base de ser un candidato no priista del PRI.
En el caso de Anaya, es reseñable su nivel de estudios y su llamativa juventud. Su supervivencia después de una campaña que intentaba ligar su trayectoria a casos de corrupción, calificada por él como sucia, no es un elemento trivial.
Su discurso representa una puerta abierta al voto útil para frenar las opciones de MORENA
Una novedad importante es la posibilidad de votar a un candidato independiente. Han presentado su candidatura Margarita Zavala (primera dama de 2006 a 2012 quien se retiró de la contienda electoral antes del segundo debate) y Jaime Rodríguez Calderón (entre sus medidas, contempla la opción de cortar la mano a los ladrones).
Su participación es vista con cierta desconfianza por aquellos que piensan que pudieron presentar o retirar sus candidaturas para beneficiar a alguno de los candidatos. Salvo los independientes todos se han presentado respaldados por coaliciones de partidos y algunas de estas alianzas “sorprenden” por su aparente falta de afinidad ideológica.
Sector privado
Desde el sector privado, cabe destacar la intervención critica del empresario Carlos Slim sobre la negativa de López Obrador a la construcción del nuevo aeropuerto de Ciudad de México. Es una muestra, y no menor, de la reacción del tejido empresarial ante el previsible desenlace electoral. y su equipo lo saben, por eso no es extraño que intenten reconsiderar aspectos centrales de su estrategia sobre este particular.
Los puntos relacionados con cuestiones de identidad nacional concitan una mayor atención y apoyo de los mexicanos. Lo único que ha unido a los candidatos ha sido la política exterior respecto a los Estados Unidos y la templanza a la hora de valorar la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. No obstante, son presumibles cambios de actitud si los resultados no son los esperados.
La campaña electoral ha transcurrido sin salirse de una línea de desprestigio generalizado de todos los actores políticos. Un terreno embarrado sin apenas propuestas que sean merecedoras de la atención pública. Los discursos respecto a la necesidad de elegir el mal menor se han instalado en el sentido común y son pocos los que argumentan sus posiciones. En resumen, un paisaje sombrío pese a las expectativas de cambio.
La visita de Leonel
Las elecciones se celebrarán bajo supervisión de observadores internacionales. Para dirigir la misión de observación electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA), como es sabido, fue designado el expresidente dominicano Leonel Fernández, figura muy respetada en México y que genera amplios consensos.
En los últimos días Fernández ha sostenido encuentros con las autoridades políticas y electorales del país, además de reuniones con todos los candidatos; un reflejo de que el escrutinio internacional es valorado como una garantía de control institucional a favor de la transparencia en los comicios.
Mientras tanto, la vida cotidiana continua en Ciudad de México y la conversación de la calle sigue girando sobre el futbol, el béisbol o el boxeo, sobre el tráfico y la sensación de inseguridad, sobre la inquietante fluctuación del dólar.
(El autor es doctor en humanidades por la Universidad Carlos III, de Madrid).

