Mordida de perro
Potosí, Bolivia.- Por andar acariciando animales desconocidos, fui mordida por una perra preñada en pleno viaje de vacaciones por la ciudad de Potosí. Ahora aprendí la lección: nunca acariciaré ni gatos ni perros, a menos que ellos se aproximen primero en busca de caricias.
Tuve suerte, la mordida fue ligera, apenas unos rasguños. Pero igual tuve que someterme a una batería de vacunas que me hicieron ir cada día al hospital en plenas vacaciones.
Estábamos apenas comenzando un tour por las ciudades de Potosí y Sucre en Bolivia. Ese día visitábamos la mina de Cerro Rico, y a la salida, en una casa, vi un lindo gato que quise acariciar.
La perra, una linda peluda blanca que descansaba en su casita, se acercó a mi tranquila y silenciosa y me mordió la mano, como para cuidar el territorio que sintió invadido por una desconocida.
Un grupo de extranjeros que hicieron el tour junto a nosotros me limpiaron la herida con su cajita de primeros auxilios. Luego apareció la dueña de la perra, quien la justificó por su condiciòn de preñada. Dijo que su perra estaba vacunada, pero no mostró tarjeta de vacunación. Yo igual olvidé pedirla.
Ante la duda me hicieron vacunar cada día y así me vi obligada a visitar diversos hospitales en cada sitio en el que nos deteníamos en nuestro paseo por Bolivia.
Por andar de hospital en hospital me perdí una visita que habíamos previsto a la emblemática e interesante Casa de la Moneda. Los demás días del paseo, aunque un poco adolorida, pude seguir sin problemas la agenda que habíamos programado. Solo, que cada vez que veía un perro en el camino entraba medio en pánico. Por suerte ya se me fue el susto, pero igual, ahora me cuido más que nunca de las mordidas de perros.

