Alemania y su belleza
Por tradición, cuando se visita un país como Alemania optamos por conocer A Berlín, Hamburgo y otras grandes ciudades, pero si lo que se busca es disfrutar de los espacios mejor dotados por la naturaleza, entonces se piensa en zonas menos urbanas e industrializadas. Eso hicimos en nuestro viaje a este país europeo, cruzamos cerca de Franfort y de otras grandes ciudades, pero preferimos recorrer los pueblitos que bordean el Lago de Constanza y el Valle del Rin y nos sorprendimos de todo lo que se puede disfrutar allí. El Lago de Constanza es uno de los más grandes de Europa, sus aguas también llegan a Suiza y Austria. Cuenta con una superficie de 538 kilómetros cuadrados. Sus orillas están densamente habitadas en pueblitos muy pintorescos y llenos de historia con construcciones medievales, cervecerías y restaurantes con cara a sus aguas, lo que nos permitió disfrutar la belleza del paisaje con el vaivén de grandes embarcaciones llenas de turistas de diferentes destinos del mundo, dispuestos a disfrutar de una opción diferente. Estuvimos en verano y aquello era como una invasión visitantes en pueblos y ciudades como Uberlinger, Meerburg, Constanza, entre otras. Nos sorprendió que en pequeños pueblos Las ofertas para turistas fueran tan numerosas, con excursiones y visitas a grandes atracciones como las preciosas islas. Una de las islas más visitadas es la famosa isla de las flores Mainau, en la que se contempla una naturaleza espectacular. En nuestro recorrido por Alemania también visitamos a Heidelberg, una ciudad histórica, famosa entre otras cosas por su castillo medieval, su casco antiguo y su universidad. La mezcla de idiomas entre los visitantes nos sorprende, al igual que la belleza de su romántico puente y sus paisajes.
Otro gran atractivo turístico de Alemania es el Valle del Rin, patrimonio mundial por su paisaje cultural. Allí visitamos palacios, fortalezas y castillos medievales construídos para proteger la riqueza comercial de la zona. Innumerables mitos y leyendas se tejen sobre estos pueblos llenos de viejas tradiciones en sus mercados, festivales y diversas actividades. Para el hospedaje una abundante oferta que nada tiene que envidiar a las grandes ciudades y para comer, una rica y sustanciosa oferta culinaria en la que siempre puede estar presente la gran variedad de salchicha alemana y las cervezas servidas en grandes jarras.
